Mie 11 ago 2010
Hola, ama:
Sí, lo sé, esta vez me he pasado. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te escribí pero es que acabo salir del bunker en el que he estado aislado del exterior durante un mes.
Todo empezó la misma noche en que la selección española de fútbol ganó el mundial. Había sido un mes desde que había empezado el campeonato en el que uno, no siendo demasiado futbolero como es mi caso, podía disfrutar de buen fútbol y soportar como podía todo el circo que lo rodeaba. Podía oír la retransmisión de un partido por radio escuchando como un reputado periodista exclamaba “¡Vete a tu pueblo, Pujol!” ante un error de este y un partido y un gol de Pujol más tarde sorprenderme con la propuesta del mismo profesional de montar una peña del jugador catalán, todo ello aderezado con las cuñas publicitarias en las que otro profesional anima a los oyentes a probar la nueva Telepicsa XXL. Sí, sí, lease como está escrito, picsa, y no pizza.
Hasta los programas del corazón tenían su huequillo, tratando el noviazgo de cierto jugador y cierta periodista (si escribes “el portero y la reportera” en Google te encontrarás con unos 3.630 resultados), que sí ella le distraía, que si le había puesto ojillos en aquella entrevista. Y cuando aquel circo parecía que no podía ir a más, cuando parecía que ya no se podía saber más sobre el fútbol y lo que lo rodea, resultó que nadie sabía más que un pulpo encerrado en un Aquarium alemán. Las cadenas de televisión se gastaron dinero en pagar por los derechos de emisión de las predicciones del idolatrado octópodo.
Aquello me puso en alerta. Y en el momento que acabó la final sufrí un flashforward, ví el futuro. Ví interminables semanas con calles llenas de guirnaldas rojigualdas, las tiendas de los chinos a rebosar de réplicas de la copa del mundo, fotos de los jugadores de la Roja decorando las carpetas de millones de adolescentes, llamamientos exhacerbados al orgullo patrio, todo el mundo enfundado con la camiseta de la selección… Como diría el coronel Kurtz de Apocalypse now: “El horror…. el horror…”.
Así que esperé a ver el besazo del portero a la reportera (siempre me gustaron las comedias romanticas) y me encerré en un bunker. Calculé que haría falta como mínimo un mes para que pasaran los efectos más fuertes y esta tarde me he decidido a salir. Sin embargo parece que me equivoqué, parece que la cosa no ha pasado de ventas de muñequitos del pulpo Paul, las celebraciones de rigor y poco más. Caramba, si hasta han multado a unos en Ourense por hacer demasiado ruido en las celebraciones de la noche de la final… Que gusto descubrir que un acontecimiento futbolístico como este no nos haya agilipollado más aún. Sí, lo sé, ama, en mi caso un empeoramiento significaría la muerte cerebral.


