abril 2008
Archivo mensual
Mar 29 abr 2008
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General[4] Comentarios
Somos unos paletos. Es hora de reconocerlo. Sólo así se puede entender que cada vez más películas se estrenen con su título original en inglés, o que casi ninguna colonia se moleste en hacer una traducción de la marca. Alguno puede pensar que no traducen porque ya hay un montón de gente que lo entiende y no merece la pena. Error, es justo lo contrario, uno le pregunta a un amigo “¿Qué has ido a ver al cine?” y te dice “Elegy“, y parece una cosa muy sofisticada, un mundo de fantasía, algo prohibido por descubrir. En cambio si te dice “He ido a ver Elegía“, lo primero que se te pasa por la cabeza es que es un bodrio, la vida atormentada de un poeta rojo y homosexual en la España de la postguerra.
Con los perfumes lo mismo, si dices que llevas unas gotas de White Shoulders, pareces lo más de lo más, porque además de oler bien utilizas palabras que nadie es capaz de entender, y queda como muy cool. En cambio, si dices “Hoy me he puesto unas gotas de Hombros Blancos” todo el mundo pensará que es un champú anticaspa, y de los baratos.

La mayoría de las personas de mi generación hemos estudiado durante no menos de 6 años un idioma extranjero, inglés o francés. ¿Cuales son los resultados? Llegamos a París o Londres pensando que sabemos algo, y luego resulta que nadie nos entiende, parece que nuestro profesor nativo es El Príncipe Gitano. ¿Es esto normal? A mí me parece que la enseñanza de idiomas que hemos recibido debería estar en el Código Penal. Lo que teníamos que haber hecho era un curso de mimo, pero uno de los buenos, no uno de esos donde te enseñan a hacer como que entregas una rosa, o que estás atrapado en una urna de cristal. No, uno donde te enseñen a pedir dos platos y postre mediante gestos, o decir al recepcionista del hotel que hay cucarachas en el baño sin necesidad de abrir la boca.
Vamos a ser prácticos, algún día descubrirán que la gente que vive en los países nórdicos tiene un código genético diferente y más facilidad para los idiomas. No perdamos más el tiempo tratando de equipararnos con Noruega, ¡ASIGNATURA DE MÍMICA PARA LA CIUDADANÍA YA!
Mar 22 abr 2008
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General[2] Comentarios
Mujer de 34 años, vive con sus padres, sueldo de 920 euros. Se compra un ático de 40 metros cuadrados, para ello se hipoteca y tiene que pagar 780 euros al mes. Como el dinero no le llega, alquila su nueva casa y sigue viviendo con sus padres.
Varón de 18 años, el gran sueño de su vida es llegar a ser cantante. Se apunta a cursos, se pasa el día imitando a sus ídolos en su cuarto e incluso compone sus propias canciones. Una única pega, canta como el culo. Desde que estrenaron Operación Triunfo quiere presentarse al casting, sus padres le dijeron que cuando fuera mayor de edad podría hacerlo. Cuando por fin cumple 18 años, acude al casting con toda la ilusión del mundo. Delante del jurado desafina cosa mala, hace el ridículo y es humillado ante las cámaras. Dos meses después emiten su casting y es el hazmereir de su pueblo.
Mujer de 49 años. Frutera y soltera. Ha leído tres libros en toda su vida, dos de ellos en su infancia. Quiere ser escritora. Ha escrito un borrador de 1200 páginas, lleno de faltas ortográficas y gramaticales, y lo quiere publicar. Se gasta el poco dinero que ahorra en fotocopias y en correos certificados. Lo ha mandado ya a más de 400 editoriales, una de ellas respondió, diciéndole amablemente que la escritura no era lo suyo. No le afecta, porque en algún sitio ha oído que a un escritor muy famoso le pasó lo mismo, que le rechazaron un manuscrito que luego se convirtió en best-seller. Todos los días mira el buzón con la esperanza de que alguna editorial le conteste afirmativamente.
Varón de 17 años. No llega al metro setenta, ni nunca ha jugado en ningún equipo, pero su gran ilusión es llegar a ser jugador profesional en la NBA, la mejor liga del mundo, y ganar el concurso de mates en un All-Star.
Todos conocemos casos parecidos a estos. Yo doy por hecho que en el mundo hay gente muy diferente, y que lo que para uno es una locura para otro es una brillante idea. No obstante, hay casos muy claros, fracasos cantados, proyectos vitales absurdos. Y siempre que veo uno de estos, no pienso en la persona, pienso en su entorno. Sus amigos, su familia, plenamente conscientes en muchas ocasiones del batacazo, pero faltos de confianza, o de valentía para sincerarse, y hacer ver a la víctima que está cavando su propia tumba. Tal vez incluso animando, conscientes de que de ilusión también se vive, y pensando que la recompensa no está en la meta, sino en hacer el camino.
Y a veces, sólo a veces, en poquísimas ocasiones, el loco nos da una lección, y resulta que ese chaval de 17 años, de 169 centímetros de altura, nacido en Dallas, de nombre Anthony Jerome, más conocido como Spud Webb, seis años después consigue ganar el concurso de mates de la NBA. Y pasa a la historia del baloncesto por ser el jugador más bajo en conseguirlo. Y se convierte en un icono, en un modelo de superación, y a la vez crea nuevos locos que tratarán de imitar su hazaña sin conseguirlo. Y todo vuelve a empezar.
Mie 16 abr 2008
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General[6] Comentarios
Hoy a la mañana me ha llegado una carta de Kutxa. En ella me animan a renunciar al papel como forma de comunicación con mi banco. Para simbolizar que el papel como soporte está obsoleto, y sólo vale ya como juguete, me proponen hacer papiroflexia con la carta. Debemos seguir estos pasos:
Y ahora los 19 sencillos pasos para transformar una aburrida carta en una especie de ave en peligro de extinción:
Qué queréis que os diga, a mí esto no me parece bien. Una cosa es que los vascos seamos el pueblo más inteligente del planeta. De acuerdo. Que entre los vascos los guipuzcoanos seamos los más listos. Sobre eso tampoco hay demasiada duda. Pero alardear de nuestra habilidad innata para la papiroflexia mediante un buzoneo, eso no es propio de vascos, ni mucho menos de guipuzcoanos.
Vie 11 abr 2008
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General[6] Comentarios
En el libro “El cine según Hitchcock“, su autor, el director de cine francés François Truffaut, entrevista al mago del suspense. El calvo genial cuenta una anécdota:
Había una vez un guionista a quien se le ocurrían siempre las mejores ideas en plena noche y, cuando se despertaba por la mañana, no conseguía recordarlas; finalmente, se dijo: “Voy a colocar una hoja de papel y un lápiz al lado de la cama, y cuando se me ocurra una idea, la podré escribir”. El individuo se acuesta y, naturalmente, a mitad de la noche se despierta con una idea formidable; la escribe rápidamente y se vuelve a dormir tan contento. A la mañana siguiente se despierta, y al principio se olvida que ha copiado la idea. Está afeitándose y se dice: “¡Ah, bueno! Se me ha ocurrido una idea formidable esta noche pero se me ha olvidado. ¡Ah, es terrible…! Pero si no recuerdo mal, la he escrito en un papel.” Se dirige rápidamente a su dormitorio, coge el papel y lee: “Un chico se enamora de una chica.”
El 95% de las personas no seremos capaces de pasar nunca del “Un chico se enamora de una chica”. Pero seguramente no lo reconoceremos jamás. Nos aterra ser normales, no destacar, no trascender, no tener ningún talento. Hoy en día ser “del montón” es un insulto.
Desde aquí reivindico la normalidad, la humildad y el conocimiento de las propias limitaciones. Lo dejo escrito, porque se me olvida con demasiada frecuencia…
Lun 7 abr 2008
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Libros[2] Comentarios
He acabado de leer “El niño con el pijama de rayas“, un best-seller de John Boyne sobre dos niños que entablan amistad en Auschwitz, con la particularidad de que uno es el hijo del comandante del campo y el otro es judío. Como lectura adulta no me ha parecido nada del otro mundo, en cambio si lo englobamos como literatura juvenil, puede tener su utilidad como un primer contacto con el Holocausto.
Es curiosa la atracción que nos despierta el Holocausto nazi. Mi primera incursión en este tema fue con “El precio del paraíso. De un campo de exterminio al Amazonas“, es un libro de Manu Leguineche, donde cuenta las aventuras de un republicano español que pasó 5 años en Mauthausen.
Me parece muy recomendable porque nos aleja de la típica imagen de los nazis y los judíos. Vemos a un españolito que acaba de perder una guerra, llega a Francia para combatir a los alemanes y pierde otra guerra, acabando en un campo de concentración, marcado con el triángulo azul de los apátridas, trabajando 15 horas diarias en la tristemente famosa cantera de granito de Mauthausen.
Después es de obligada lectura la trilogía del italiano Primo Levi. “Si esto es un hombre“, el primero de los tres, es su libro más conocido, donde narra su paso por Auschwitch, con un repaso minucioso del día a día en el campo de exterminio. Después publicó “La tregua“, para mí extraordinario, donde escribe el peregrinar de él y sus compañeros de fatigas una vez que son liberados, hasta llegar a Italia, su tierra natal, casi un año después de salir del infierno. El tercer libro, “Los hundidos y los salvados” es una reflexión sobre su paso por el campo, amarga, descarnada y cargada de culpabilidad. Un ensayo nada benévolo con la raza humana.
Creo que nos atrae el Holocausto porque somos capaces de entenderlo. Creo que todos tenemos un pequeño nazi dentro, que nunca saldrá porque no se darán ese cúmulo de terribles casualidades en nuestra vida. Creo que poquísimos de nosotros, en el caso de ser ciudadanos alemanes durante el nazismo, hubiéramos obrado de forma diferente a como actuaron ellos. Hablo del ciudadano de a pie, el que miraba para otro lado y negaba la evidencia. Y creo que es positivo reconocerlo, saber que tenemos ese germen, esa semilla de maldad que podría nacer si se abonara y regara en sus justas cantidades. Reconocer eso nos puede mantener con la guardia alta, así como saber que aquello no pasó ni tan lejos ni hace tanto tiempo, y que de hecho está pasando ahora mismo, en otras proporciones, con otras características, probablemente más cerca de lo que te imaginas.