Mi Little Big Horn particular es lo políticamente correcto, y dentro de esta categoría me carga especialmente esta frase: todas las opiniones son respetables. Por supuesto que no se pueden ni se deben respetar todas las opiniones. Todos los días oímos y leemos verdaderas imbecilidades, con el agravante de que muchas de esas perlas provienen de personajes públicos, en teoría profesionales en el arte de expresarse y comunicar.

De la misma manera, hoy en día está mal visto en algunos ámbitos que catalogues a los que dicen imbecilidades con frecuencia como imbéciles. Los imbéciles existen, y están entre nosotros. Diciendo esto no me creo superior a nadie, simplemente constato un hecho. A veces parece que tienes que pedir perdón o andar excusándote por decir que alguien es idiota. Curiosamente a nadie le avergüenza o incomoda decir que fulanito es un genio, o que menganito es extraordinariamente inteligente. Por lógica si hay personas por encima de la media también las habrá por debajo.

Una cosa es que nos quieran hacer creer que todos somos iguales ante la ley, y otra muy diferente es que nos quieran convencer de que todos somos iguales. Eso quedará muy bonito en un cartel de la UNESCO, pero en la práctica es una patraña. A veces incluso dudo de que alguno de los bípedos que veo en la tele sean de mi misma especie. Son personas elegantemente vestidas, en puestos de responsabilidad, que hablan de temas que desconocen con la seguridad que da la ignorancia y una desfachatez a prueba de bombas.

Con tal de no tener nada en común con esta gente, me proclamo imbécil, cosa que ellos jamás harían.