Julio 2008
Archivo mensual
Mar 29 Jul 2008
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Nos pasamos la vida discutiendo sobre estupideces, a quién le tocaba fregar, qué peli vemos hoy, por qué no te apuntas a la cena. Las discusiones importantes las vamos postergando, y el tiempo va convirtiendo lo que podía ser una conversación dura pero constructiva en huidas hacia adelante sin posibilidad de retorno.
Tendemos a perdonar a la gente a la que apreciamos sin darles la oportunidad de aprender de sus errores, porque ni siquiera somos capaces de hacérselo saber. Y luego encima solemos ponerlos a parir a sus espaldas, cobardemente, engordando su lista de defectos a nuestro antojo, sin posibilidad de defensa.
¿Debo entonces decirle a mi amigo que es un egoísta, o a mi primo que cuando bebe se convierte en un gilipollas, o a mi madre que me molesta que llame por teléfono todos los días?
Antes de plantear ese tipo de preguntas necesitas un tiempo de reflexión. Más que nada porque el segundo fascículo del curso CCC “Coaching for losers” todavía no ha llegado a mi kiosko.
Mar 22 Jul 2008
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Un ruido parecido a una explosión me despierta, enciendo la luz, miro el reloj, son las 3:50 de la madrugada. En la escalera se oyen voces de vecinos alarmados. Rápidamente subo la persiana, y no puedo ver más que humo negro, voy a la cocina, pensando que desde el balcón tendré más visibilidad. Observo que unas llamas y una gran cantidad de humo salen de los bajos del edificio, aunque no alcanzo a ver nada más, en esto veo que los bomberos y los municipales empiezan a llegar. El humo y el olor a quemado comienzan a entrar en la cocina, por lo que cierro el balcón y corro hacia el dormitorio.
Despierto a mi novia, quien no se ha enterado de nada, le digo que hay un incendio en el edificio. Aunque vivimos en un tercero, pienso que lo mejor es abandonar la casa y preguntar a los bomberos o municipales si hay peligro. Nos ponemos algo de ropa, ya un poco nerviosos, y nos disponemos a salir. En esto mi novia me dice que espere un momento, entra en la habitación y sale introduciendo algo en el bolsillo de su abrigo. Le digo que se dé prisa, salimos y bajamos rápidamente las escalera. Llegamos al portal donde ya están todos los vecinos, y un municipal nos informan de que no hay peligro, ha ardido un coche que estaba aparcado en los soportales del edificio, pero han conseguido controlar las llamas, que no han llegado al primer piso. El ruido que me había despertado había sido la explosión del depósito de gasolina.
Más tranquilos subimos a casa. En esto me acuerdo de que mi novia había guardado algo en su bolsillo antes de salir de casa. Le pregunto qué es lo que ha cogido, y lo que me enseña no es una carta de amor, ni una fotografía, ni siquiera dinero o alguna joya. Abre su mano y en ella aparece una memoria USB.
En ese justo momento, años después de la fecha oficial, siento que acabo de entrar en el siglo XXI.
Mar 15 Jul 2008
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De unos años para acá he oído muchas veces criticar el estilo de vida actual, sobre todo en las ciudades. Que si nos hemos vuelto individualistas, que si se están perdiendo esas bonitas relaciones entre vecinos, que si la gente va en el autobús con sus auriculares y se aísla, que si todo el mundo va con prisas y no se preocupan por los demás, etc.
A mí no me gusta que mi vecina me pare, como el otro día, para preguntarme cuánto pago de alquiler. Me agobia que se me siente alguien al lado en el tren y que me empiece a hablar. Me gusta entrar en esas tiendas de los centros comerciales donde puedes curiosear durante horas sin que ningún dependiente te pregunte qué deseas. Me costó años encontrar un peluquero que fuera capaz de estar callado durante los veinte minutos que dura el corte de pelo. Me molesta enormemente estar sentado en una terraza leyendo el periódico, y que un jubilado aburrido me pregunte a gritos desde otra mesa a qué hora es no sé qué partido de fútbol. Procuro entrar a bares donde no conozca a ningún camarero, para no tener que entablar conversaciones insustanciales durante los 40 segundos que tarda en prepararme el café.
¿Soy un asocial? ¿Un rarito? ¿Un maleducado? Yo creo que no, simplemente me gusta, en esos momentos en los que no me apetece hablar con nadie, que se respete mi opción de no abrir la boca.
No conviene confundirse, por el hecho de que vaya en el transporte público con mi reproductor de mp3 y mi libro, no quiere decir que si al hombre de al lado le da un infarto, yo vaya a pasar una página y a aumentar el volumen del ipod. Los tiempos cambian, pero no tanto.
Mar 8 Jul 2008
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Cine-TV[2] Comentarios
Vivimos en unos tiempos curiosos, en los que las pantallas de los cines menguan y las de las casas crecen.
La última película que vi en el cine fue en una sala con 65 butacas, con una pantalla poco mayor que una sábana estirada y un sonido ligeramente mejor que el de mi equipo nuevo de casa. No os penséis que es un cine viejo, hará sólo un par de años que se remodeló para hacer salas diminutas. Si suspiraste durante toda tu infancia por el Supercinexin ahora puedes vivir una experiencia parecida, la diferencia es que en vez de ver la fiesta en la que tu hermana cumplió 7 años, verás un drama intimista alemán.
No corren buenos tiempos para las salas de cine. Parece que la gente actúa como yo, es decir, sólo va a ver en pantalla grande películas que pierden mucho en la salita de casa, películas de acción, con grandes batallas o con espectaculares efectos especiales o paisajes. Se afina mucho más a la hora de soltar los 6 euros, y las medianías o las películas simplemente entretenidas te las pillas en DVD o te las bajas de internet.
Siempre habrá un grupo de personas que prefieran ir a los estrenos, o cinéfilos que vean 1 ó 2 películas a la semana, pero el espectador medio, está cambiando o ha cambiado sus hábitos.
Hace ya algún tiempo que me interesan bastante más las series de televisión que las películas. Se adaptan mucho más a los ritmos de vida actuales, donde es más fácil sacar 45 minutitos para ver un capítulo que 2 horas para una peli. Además, la variedad es tal, que es difícil no encontrar alguna serie que te acabe enganchando. No hablo, claro está, de esas series españolas que echan en la tele, esas comedias de hora y media sin ninguna gracia, iluminadas como un quirófano y con actores de medio pelo. Hablo de ficción con mayúsculas, grandes actores, guiones arriesgados, tramas sorprendentes y sin el tetrabrik de Puleva en cada escena.
Una pista para localizarlas. Si una cadena española compra una serie y la maltrata relegándola a la madrugada, cambiándola de horario cada semana o dejando de emitirla a mitad de temporada, es que merece la pena verla: Hermanos de sangre, Urgencias, Policías de Nueva York, A dos metros bajo tierra, Doctor en Alaska, Vientos de agua o El ala oeste de la Casa Blanca son claros ejemplos.
Si estallara una guerra huiría a Suiza como una rata y me ganaría la vida pastoreando vacas, pero por alguna de esas series sería capaz de morir y de matar. Para que luego me tachen de escéptico y de poco comprometido.
Mar 1 Jul 2008
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En estos días de sobredosis futbolera me llama la atención cómo muchos periodistas, líderes de opinión e “intelectuales” siguen pensando que la gente es imbécil, y que la política de pan y circo funciona siempre. Algunos ven salir a la gente con las banderitas, dando saltos y gritando gol en un bareto y ya se piensan que se les ha olvidado el máximo histórico del euribor, lo que cuesta llenar el depósito y la cara de incredulidad al repasar el ticket del Eroski. Error, la gente celebra algo cuando su equipo gana, pero alegrarse por algo y demostrarlo no implica que el cerebro se resetee y se olviden de todo lo demás. La vida es muy jodida. Si de vez en cuando no disponemos de una válvula de escape es cuando empezamos a tener un problema, y de los gordos.
Luego hay cosas que no cambian. Estos días he oído y leído más de una vez llamar a los futbolistas “incultos que sólo saben golpear una pelota”. Esto siempre me ha hecho gracia. Porque yo conozco a varios incultos que ni siquiera saben jugar al fútbol. ¿Es eso mejor? Puestos a generalizar y a meter a todo el mundo en el mismo saco, yo prefiero llevarlo a la máxima expresión y decir “el hombre es un lobo para el hombre”, que decir que todos los vendedores de coches de segunda mano son unos timadores o que todas las mujeres son unas putas. Quizás sea porque suena más culto citar a Hobbes que a mi tío el camionero.
¿Que la gente se moviliza con el fútbol y no con otros temas mucho más graves? Quizás en vez de pensar que vivimos entre borregos, haya que empezar a valorar la posibilidad de que el ciudadano medio piense que no se puede cambiar nada. Que por mucho eslogan de “Podemos” y por mucho marketing barato que nos quieran colar, la gente cree que es imposible luchar contra los elementos, porque se ha perdido la fe en las instituciones, los partidos, los medios de comunicación y un largo etcétera. Que esto es el sálvese quien pueda y que cada uno vigila su trasero, y si me apuras, el de su familia y el de sus amigos. ¿Crisis económica? Seguro, y de las gordas, pero fíjate si soy gilipollas, que no soy rico y hay otras crisis que me parecen más preocupantes.