Enero 2009
Archivo mensual
Sab 24 Ene 2009
Publicado por escéptico en la categoría
General[3] Comentarios
Desde que aprendí a escribir adquirí una mala postura al agarrar el bolígrafo. Utilizaba un par de dedos más que los demás niños, y eso provocó que mi tutor tuviera una charla con mis padres. No sirvió de mucho. Hoy en día, de hecho, un chimpancé no demasiado avispado coge un lapicero con más soltura que yo.
El caso es que el otro día, tras ver a Obama firmar el cierre de Guantánamo, me sentí reconfortado, ya que el hombre más poderoso del mundo tiene una técnica de agarre peor que la mía. El brazo tenso, los dedos apiñados, un desastre incluso para un zurdo.
Por cierto, que la toma de posesión fue un peñazo. El pastor de la iglesia Evangélica, Aretha Franklin, el juramento del vice, la cancioncita de John Williams, el insípido discurso de Obama, el poemita, la bendición del reverendo metodista y el coro de la Armada.
Por una vez me quedo con la sobriedad vasca en las grandes ocasiones, que consiste en que alguien baile un aurresku y después vayan todos juntos a comer.
Mar 20 Ene 2009
Publicado por escéptico en la categoría
Libros[5] Comentarios
Ver a una persona leyendo tranquiliza. Si vas en el último vagón de un tren nocturno, y tienes como único acompañante a un tipo con mala pinta vas tenso, tratas de no establecer contacto visual, ni siquiera cuando grita señalándote con el dedo en un idioma incomprensible. Eso sí, en el momento en el que saca un libro de su petate, automáticamente te relajas. Quizás está leyendo el “Manifiesto de Unabomber”, pero te da igual. Está leyendo, por lo tanto es una persona civilizada.

Con la prensa pasa algo parecido, aunque con diferencias. Si va leyendo un periódico gratuito no me genera la misma confianza que si es de pago, y si lee un periódico deportivo y es mujer sé que todavía no me he despertado. Eso sí, en cualquiera de los casos hay una persona que es particularmente irritante: “el que va leyendo tu periódico desde detrás”. Tiene una ventaja importante sobre ti, y es que está leyendo un periódico que no ha pagado, con el agravante de que lo has pagado tú. En un mundo justo eso equivaldría a robar, y si me apuras a agredir. Se establece entoces una batalla para intentar putear al gorrón, que te hace pasar hojas a toda prisa o pararte durante minutos enteros en los suplementos publicitarios.
Por naturaleza el ser humano es curioso y tiende a etiquetar, por eso siempre tratamos de ver la portada del libro que va leyendo el de al lado. Si es un libro que ya has leído te inunda un aire de superioridad: “Yo sé algo que tú no sabes”. A veces te molesta ver que alguien disfruta con un libro que es una puta mierda. De forma racional sabes que hay gente con gustos diferentes a los tuyos, pero te jode igualmente.
Lo mismo pasa con los autores que tienes atravesados. Yo ahora odio a Eduardo Punset. Es ver a alguien leyendo un libro suyo y se me revuelven las tripas. Entro en un bucle obsesivo-compulsivo en el que mi mente no deja de repetir “Punset habla de todo sin tener ni puta idea de nada Punset habla de todo sin tener ni puta idea de nada Punset habla de todo sin tener ni puta idea de nada”. Todos tenemos un punto débil.
Lun 12 Ene 2009
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GeneralSin comentarios
Cada cierto tiempo tropezamos con la misma piedra. Yo el sábado por la tarde estuve en un centro comercial. Gente por todos lados, calor insano, ruido y gritos infantiles. Terreno abonado para un buen ataque de ansiedad.
Yo entro fresco como una lechuga en un centro comercial y a los pocos segundos ya estoy cansado. Comienzo a arrastrar los pies, mi cadencia de paso se reduce, lo que inevitablemente alarga mi estancia en ese infierno. Evidentemente a mayor tiempo de exposición, mayor consumo. Creo que es algo estudiado, la iluminación, la explosión de colores, no descarto que echen algo en el aire, una especie de bromuro para el cerebro, para bajar las defensas contra el consumo innecesario que trae de fábrica todo varón normalmente constituido.
Tuve que recorrer de lado a lado todo el complejo, y vi cosas que no creeríais: un hombre de 50 años mirando de reojillo a chavalitas de 17, niños hacinados en txiki-parks que apestaban a calcetín sudado, colas interminables hacia una empleada con cara de asco, cientos de mujeres manoseando pantalones en Zara Man, pinchos de tortilla a 3 euros brillar en la oscuridad cerca de la puerta de emergencia…
Crucé todo el centro comercial de lado a lado, observando las caras que se cruzaban, y no vi ni un solo adulto que estuviera disfrutando, ni sonriendo, ni tan siquiera relajado. Y me sentí parte de algo, de una masa informe, aburrida, agobiada.
Me sentí jodido pero acompañado.
Dom 4 Ene 2009
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Cine-TVSin comentarios
He pasado unos días en estado febril, lo cual me ha permitido ver la tele más de lo médicamente recomendable.
Me he dado cuenta de que una forma sencilla de diferenciar las series buenas de las malas, es fijarse en la manera que tienen de mostrar publicidad dentro de la trama. Cuanto mejor es la serie más extraño resulta ver una marca en pantalla. Aquí está el caso de Dexter:

Así de memoria puedo decir que esa marca japonesa de cámaras de fotos y los ordenadores de la manzanita son las únicas empresas que han llegado a mi mente de forma clara tras tres temporadas.
En el caso contrario series como “El Internado”, donde meten con calzador un viaje en coche al dentista, en el que no pasa absolutamente nada, sólo para que se vea no menos de cinco veces una carpeta con la marca de una clínica dental. Un poco más tarde, como el archiconocido buscador de internet no está entre sus anunciantes, tuvieron que tunear un poco su página principal. Un trabajo fino:

En el terreno de la publicidad (un saludo a Laszlo) me ha venido a la cabeza la película “Con la muerte en los talones” tras ver cierto anuncio. El final de la película de Hitchcock fue bastante polémico en su día por su última imagen:
No hace falta que os diga qué parte de la anatomía de Cary Grant representa el tren y cual de Eva Marie Saint el túnel. Pues bien, el anuncio que me ha recordado esta escena, pero de forma chabacana y grosera, es este. Atención al final:
Al ver este anuncio pienso en lechazos, y no precisamente al horno, lo que no creo que fuera la idea primigenia del anunciante.