Desde que aprendí a escribir adquirí una mala postura al agarrar el bolígrafo. Utilizaba un par de dedos más que los demás niños, y eso provocó que mi tutor tuviera una charla con mis padres. No sirvió de mucho. Hoy en día, de hecho, un chimpancé no demasiado avispado coge un lapicero con más soltura que yo.
El caso es que el otro día, tras ver a Obama firmar el cierre de Guantánamo, me sentí reconfortado, ya que el hombre más poderoso del mundo tiene una técnica de agarre peor que la mía. El brazo tenso, los dedos apiñados, un desastre incluso para un zurdo.

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Por cierto, que la toma de posesión fue un peñazo. El pastor de la iglesia Evangélica, Aretha Franklin, el juramento del vice, la cancioncita de John Williams, el insípido discurso de Obama, el poemita, la bendición del reverendo metodista y el coro de la Armada.

Por una vez me quedo con la sobriedad vasca en las grandes ocasiones, que consiste en que alguien baile un aurresku y después vayan todos juntos a comer.