Todo bloguero, en algún momento de su vida, escribe una entrada en la que habla de la piratería y pone a parir al canon, a la SGAE, a la ministra y a todo lo que se mueva. Estos suelen ser algunos de los argumentos:

- El canon es un abuso y un robo, y pagarlo me legitima para bajarme todo lo que me dé la gana.
- La banda ancha en España es de las más caras de Europa.
- Las discográficas nos han estado timando durante años vendiéndonos su música a precios abusivos.
- Según la legislación española la copia privada no es delito, así que no estoy haciendo nada ilegal.
- Las grandes compañías no han sabido adaptarse a las nuevas tecnologías.

Todo esto es cierto y lo suscribo de cabo a rabo. Ahora vienen las preguntas incómodas:

- ¿Si no existiera canon seguirías bajándote series, música, pelis y software?
-.

- ¿Si nuestra conexión a internet fuera la más barata de Europa seguirías usando el emule y el utorrent?
- Por supuesto.

- ¿Si los discos se vendieran a un precio que consideraras justo lo comprarías o te lo descargarías por la cara?
- Por la cara.

- Si mañana cambiaran la ley y fuera delito usar programas de intercambio de archivos, ¿dejarías de utilizarlos para bajarte pelis y música?
- No.

- ¿Pagarías  50 céntimos por descargarte una canción?
- No.

- ¿Pagarías 1 euro por bajar al disco duro el último capítulo de tu serie favorita?
- Nones.

- ¿Pagarías 1 céntimo por algo que puedes conseguir gratis?
- No.

Esta es la clave de la cuestión. Cuando uno se acostumbra a conseguir algo gratis luego es casi imposible convencerle de que lo pague. Podemos discutir durante horas sobre leyes y ética, pero al final este tema se basa en la aritmética y en la comodidad.