Hay ocasiones en las que no me queda claro si como civilización hemos tocado techo o fondo. Recibo señales contradictorias.

En un vagón, un hombre a unos auriculares pegado, con el rostro desencajado por la emoción canta el estribillo de “Agapimú”. Techo. Telefoneo a una gasolinera (establecimiento)  y pregunto si tienen butano. La gasolinera (persona) me informa de que acaban de recibirlo pero no me asegura que en 20 minutos le vayan a quedar 2 bombonas. Salgo de casa en una especie de chandalpijama,  corro hacia el coche y llego a la estación de servicio en un tiempo récord. Compro las dos bombonas, las meto en el maletero y las subo a pulso a un tercero sin ascensor. Fondo. Me conecto a internet y pido una caja de naranjas de Valencia, que me traen a la puerta de mi casa en pocos días. Techo.

peaje2

En mi primer día de vacaciones cuarenta minutos de retenciones por un peaje en una autopista de pago. Fondo. Estoy sentado en un parque, se me acerca un niño de unos tres años, coge un gusanito pisoteado del suelo y me lo ofrece. Techo. Voy en bici por un bidegorri y me adelanta un tío corriendo. En paz.