gato-perdido

Llevando la contraria a la sabiduría popular, este gato  cayó de cabeza. Se despertó en mitad de la calle y a raíz del golpe se borraron buena parte de sus recuerdos. No sabía volver a casa y había perdido la facultad de maullar, por lo que emitía un sonido a medio camino entre el ladrido y el zureo. Un claro caso de  amnesia gatuna.

Conservaba no obstante algunos recuerdos, como un par de números de teléfono y algunas nociones de ofimática. Eso fue de gran ayuda cuando se coló por la noche en la biblioteca municipal y se conectó a internet.

-¡Mierda de Internet Explorer! -ladrozureó para sus adentros.

Buscó en la red de redes la imagen de un gato que se le pareciera y diseñó e imprimió el anuncio. Encontró cinta adhesiva con facilidad -a pesar de no estar en época de celo- y salió de la biblioteca. Ya en la calle pegó el anuncio en un lugar de paso y se metió debajo de un coche, lamentando no haber orinado cuando tuvo oportunidad en los libros de Paulo Coelho.