Octubre 2009


Diversos estudios demuestran que los textos que empiezan con la frase “Diversos estudios demuestran” contienen trolas infumables.

Iba por la calle cantando “Las chicas de la Cruz Rojaaaaa, novias de la primaveraaaa” con bello vibrato en las aes finales cuando me di cuenta. Un sudor frío empezó a inundarme la espalda. O eso o acababa de caerme de espaldas en un charco. ¡Tenía que avisarla! recordé que ella tenía el móvil estropeado, debía hacer algo rápidamente. Me acerqué a una mujer que llevaba una camiseta ilustrada con un sol y una palmera gigante en la que ponía “Grand bitch” y le pedí 20 euros para un taxi. Me dijo que si tuviera ese dinero no estaría pidiendo en la puerta de un eroski. No tenía tiempo para excusas de mendigos así que salí corriendo en todas direcciones de forma simultánea (ahora mismo no sabría explicarlo pero fue así). Avanzaba a una rapidez indeterminada entre el estatismo y la velocidad del sonido, sorteando transeúntes,  cuando un edificio de ocho plantas se interpuso en mi camino y di con él de bruces.  Lo siguiente que recordé es que no recordaba nada.

Al despertarme en la cama de un hospital lo primero que hice fue preguntar a la enfermera en qué año estábamos.

-Estamos en el año 4707 -dijo volviéndose hacia mí-.

Me comencé  a marear, la cabeza me daba vueltas, ¡no era posible!

-Eso en mi país -prosiguió la enfermera sonriéndome-, para ustedes estamos en el año 2009. No se preocupe, ha ingresado ayer a la tarde.

Al acercarse a la cama percibí sus rasgos orientales. También me percaté de que no mascaba chicle, sino que tenía un extraño acento.

- En China este es el Año del Buey. Es un animal necio pero fuerte, como usted -se tapó la boca con la mano mientras reía y se escabulló grácilmente por la puerta.

Recuperado del susto lo recordé todo. Por qué había tratado de avisar a mi mujer y lo inútil que había resultado. Lloré como sólo lloran los que se saben muertos en vida, consciente de que la peor de mis pesadillas se había hecho realidad. Un año más había olvidado nuestro aniversario de boda.

Me palpé lo que en otro tiempo se podría haber considerado una nariz y la punzada de dolor hizo que por un instante me olvidara de mi desgracia. Repetí el truco hasta que dejó de surtir efecto y me dormí.

Llevo días oyendo lo del “polo soberanista” por todos lados. Parece que algunos llevan años tratando de crear uno y no hay manera. Con la sana intención de ayudar me he propuesto hacer uno. Diez minutos me ha costado, con unos  colores ideales para llamar la atención en grandes manifestaciones.
De nada.

polo-soberanista

el-triangulo-de-miranda

Impresionantes las imágenes publicadas por El Mundo.  Lo fácil hubiera sido sacar las fotos de todos en pelotas, esta pieza encaja aquí, esta otra allá, no me hables con la boca llena, me pido maquinista y ese tipo de cosas.

orgias-gurtel

Han preferido sugerir en vez de mostrar, dejando que cada internauta imagine una orgía diferente en su cabeza. Eso es bonito y se agradece. Yo de hecho miro las fotos varias veces al día y en cada ocasión pasa algo diferente. Tenía razón el sabio cuando decía que no había dos orgías iguales.

¿Tendré que empezar a esconder la revista “Casa y jardín” debajo de la cama?

En cualquier caso, gracias.

autodefensa-femenina1

Animado por los carteles que decoraban mi barrio, decidí apuntarme al curso de autodefensa femenina. Siempre que iniciaba una relación con una mujer acababa herido, despreciado y abandonado. ¡Cuántas veces había soportado esa fría mirada del dibujo!

La última vez había sido la más dolorosa, mi prometida se había liado con mi propio hermano. La boda se suspendió en el peor momento, justo cuando acababa de echar las invitaciones al buzón. 157 humillaciones viajaron con billete de vuelta.

Habían pasado unos meses y ya estaba harto de autocompadecerme, de escuchar “Famous blue raincoat” en modo repeat durante horas, del chándal de estar en casa y de las pizzas Casa Tarradellas. El cartel apareció ante mí como una señal, como una oportunidad de empezar de nuevo.

Me presenté en la primera clase y me extrañó ver que era el único hombre. No comprendía nada, hasta que entró la monitora con un kimono de karate y al verme dijo:

-Parece que tenemos un voluntario para el papel de agresor. Colócate en el centro del tatami.

En ese momento, arrastrado por un impulso atávico que me impedía desobedecer a una mujer, caminé cabizbajo hacia donde me había indicado para hacer lo que mejor se me daba: ser el saco de las hostias.

ingles-ingles-ingles1

Partes del texto han sido eliminadas por contener palabras soeces y que atentan contra el buen gusto y la decencia. Esta octavilla fue encontrada en una biblioteca pública y su hallazgo ya ha sido comunicado a las autoridades pertinentes.