Noviembre 2009


El Diario Vasco se ha rediseñado y parece que adopta un tono más desenfadado. Satrus y Agirretxe celebran las buenas noticias.

alcaldes-gipuzkoa

Muy buenas. Me llamo Lennart Oleson, del prestigioso estudio de arquitectura Oleson&Enemys. Aprovecho esta oportunidad que me brindan para presentarles un ambicioso proyecto. Mi empresa, animada  por la directiva europea que dice “Primero soterra y luego pregunta”, ha creado la primera ciudad subterránea ecológica.

soterramiento

Este es el aspecto final de una ciudad subterránea ecológica de unos 20.000 habitantes. Las ventajas son innumerables, por ejemplo, cualquier basura que se genere ya estará soterrada y cualquier vivienda puede tener la función de refugio antiaéreo, lo que en la práctica duplica su valor en el mercado. Cada población dispone de un sol artificial que no da calor pero alumbra, una especie de farola gigante pero del tamaño de una farola normal. También cuenta con el aeropuerto más seguro del mundo, con una flota de aviones ultramodernos que carecen de alas y se desplazan por raíles.

La idea de construir esta ciudad surgió mientras veía un documental que trataba sobre el crecimiento incontrolado de la población mundial, en ese momento mi mujer levantó la alfombra y metió debajo toda la mierda que estaba barriendo. No tardé más de 15 minutos en unir ambos conceptos.

El lema de nuestro estudio es El futuro ni ha llegado ni se le espera” y refleja nuestra forma de entender el mundo. No rima pero en esta vida no se puede tener todo. En cualquier caso, no todo ha sido un camino de rosas. En un primer momento surgieron algunos dilemas éticos que solucionamos contratando a un publicista. Tampoco puedo olvidar que el lobby de paragüeros ha hecho lo imposible para tumbar este proyecto.

Lo que quiero que sepan es que aquí está plasmado el trabajo de casi tres años y de cientos de personas. Esto no ha sido tan sencillo como recortar un fondo de pantalla del windows y engañar a un pardillo para que te deje escribir en su blog.

curasan Don Julián  se disponía a desayunar cuando al sacar uno de los curasanes de la bolsa se ha encontrado con este panorama. Una erección mañanera en toda regla.

Ni corto ni perezoso se ha dirigido a la panadería donde había adquirido la bolsa y le ha montado a la dependienta una de no te menees. Le ha dicho que su casa es una casa decente, que su esposa tiene el azúcar por las nubes y que estos sustos no le hacen ningún bien, que menos mal que sus nietos no han pernoctado en su domicilio por encontrarse en PortAventura y que a dónde vamos a ir a parar.

La muchacha, sudamericana del sur para más señas, le ha preguntado entonces si por lo menos la pieza de bollería estaba buena.

-Estaba duro como una piedra, hija mía -y en ese momento Don Julián no ha podido contener un suspiro nostálgico.

El otro día utilicé el transporte público una hora antes de lo normal. Eran cerca de las siete de la mañana y el vagón estaba lleno. Los rostros eran dignos de verse, uno dormitando, la otra con la mirada clavada en el suelo, el de más allá ojeroso y triste. He visto a cerdos ir más animados al matadero. Estuve a punto de gritar un “¡Por lo menos tenemos trabajo!” para animar al personal, pero no sé si se hubiera valorado bien.

Un tema recurrente en mis pensamientos es la capacidad de adaptarnos a las nuevas situaciones. A las buenas nos hacemos rápido. La misma persona que un día se lamenta porque no encuentra trabajo y le revienta que la gente que lo tiene no lo valore, al día siguiente, cuando consigue un empleo, ya comienza a quejarse del sueldo, del horario y de su jefe. No digo que esas protestas no tengan fundamento, pero estaría bien aguantar unos días más para que no se nos vea tanto el plumero. A lo malo no nos acostumbramos tan rápido, e incluso tenemos la capacidad de convertir algo positivo en motivo de sollozo por simple comparación con los demás.

La gente se suele comparar con ese jefe que no tiene ni puta idea de nada, que no da un palo al agua y que se levanta 5000 euros al mes. No suelo oir a nadie que se compare con el negro que vende CDs piratas por los bares. Se podrá decir que para superarse en la vida tienes que fijarte en los mejores, pero creo que los lloros de la mayoría están más basados en la envidia que en otra cosa. Al fin y al cabo ser quejica es una actitud. El mismo que se queja del jefe, cuando llegue a serlo se quejará de ese empleado que se pilla bajas por cualquier cosa, de la enorme responsabilidad que tiene y de lo poco que le valoran sus asalariados.

Es un círculo vicioso del que es difícil salir. Yo lo he intentado y he acabado quejándome de los quejicas. Otra vez será.

frances-profesora-titulada

*Aviso: los chistes polisémicos relacionando idiomas y prácticas sexuales no serán reídos.