curasan Don Julián  se disponía a desayunar cuando al sacar uno de los curasanes de la bolsa se ha encontrado con este panorama. Una erección mañanera en toda regla.

Ni corto ni perezoso se ha dirigido a la panadería donde había adquirido la bolsa y le ha montado a la dependienta una de no te menees. Le ha dicho que su casa es una casa decente, que su esposa tiene el azúcar por las nubes y que estos sustos no le hacen ningún bien, que menos mal que sus nietos no han pernoctado en su domicilio por encontrarse en PortAventura y que a dónde vamos a ir a parar.

La muchacha, sudamericana del sur para más señas, le ha preguntado entonces si por lo menos la pieza de bollería estaba buena.

-Estaba duro como una piedra, hija mía -y en ese momento Don Julián no ha podido contener un suspiro nostálgico.