-No le voy a engañar. Su enfermedad es muy grave.

Era lo bueno del doctor Galarraga, no se andaba con rodeos.

-¿Cómo de grave, doctor?

-Muy grave.

El término “grave” en medicina siempre me había parecido confuso. ¿Es mejor una apendicitis aguda o una apendicitis grave? Si tuviera que elegir me inclinaría por la segunda. Eso me hizo calmarme un poco.

-¿No me estará engañando, doctor?

-No le estoy engañando.

Se me habían acabado las preguntas para ganar tiempo. Para postergar un poco más mi terrible diagnóstico lancé un último interrogante a la desesperada.

-¿Es usted el doctor Galarraga?

-No. ¡Soy su puta madre!

-¡Joder, mamá! ¡Vaya susto que me has dado!, ¡pensaba que me estaba muriendo!

Fue decir esto, darme la vuelta y salir de la consulta del doctor Galarraga a toda velocidad. No me podía creer que mi médico fuera tan pardillo, con la tontería había ganado por lo menos una semana.