marzo 2010


crucifixion

pixelizando

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Fregaba el otro día el plato del microondas con tan mala suerte que vino a escurrírseme para impactar de canto contra el fondo de la pila y partirse por la mitad. Recordé que el 100% de los accidentes domésticos suceden en el hogar. Contra la estadística no se puede luchar.

Me pego una tournée por grandes superficies, medianas extensiones, bazares orientales y droguerías de barrio hasta darme cuenta de que ningún plato encaja como debiera. Durante una temporada me vuelvo a sentir joven calentando la leche en un cazo y redescubriendo la nata. Planeo varios atracos al notar que he perdido mis huellas dactilares de tanto frotar con el nanas. A pesar de estas inesperadas alegrías noto un vacío en mi vida. Hay un aparato inútil de 15 kilos encima de mi nevera y dos bolsas de palomitas de microondas en el armario.

Harto de este sinvivir, más corto que perezoso decido “llamar a la casa”, que es como nuestros padres denominan al noble arte de ponerse en contacto con el fabricante de un aparato. Telefoneo a un 902 y tras veinte minutos de canciones de los Beatles interpretadas por unos jemeres rojos consigo hablar con un humanoide. Le explico mi problema y me responde tal que así:

-Bufff, te hubiera salido más barato comprar un microondas nuevo que hacer esta llamada.

la-semana-que-viene-te-llamo-sin-falta

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