Yo Mismo En Mi Propia Mismidad: Y luego está lo de las mochilas Altus.
Mi Psicóloga: ¿Las mochilas Altus?
YMEMPM: Sí, es una marca de mochilas de monte. En su día las ultilizábamos para ir de acampada, a los Pirineos, para hacer montaña.
MPSI: ¿Y cuál es el problema?
YMEMPM: ¿El problema? El problema es que ahora las usan los chavales para ir a clase. Vas en el bus o en el tren y todos con sus mochilas Altus. Esas mochilas no son para libros de texto y archivadores.
MPSI: Te molesta que les den ese uso.
YMEMPM: ¡No están pensadas para eso! Es como si llegas a casa con la compra y metes el jamón de York en la lavadora. Es absurdo.
MPSI: De esto ya hemos hablado, de tu obsesión por controlarlo todo. Trata de darte un respiro y respeta las decisiones de los demás, aunque sepas que están equivocados.
YMEMPM: Es verlos con esas mochilas y ponerme enfermo. ¿Vas a hacer derivadas con cantimplora? Por favor…
MPSI: ¿Alguna otra cosa que le haya generado ansiedad en estos días?
Mientras mi psicóloga hablaba me fijaba en su cara. Que fuera tan vieja y tan fea lo hacía todo mucho más cómodo, podía sincerarme sin distracciones de ningún tipo.
YMEMPM: No. Bueno, he empezado a usar twitter.
MPSI: ¡Eso te altera?
YMEMPM: No especialmente.
MPSI: Por cierto, me tienes que pasar la dirección de tu blog.
YMEMPM: Sí, a ver si la semana que viene me acuerdo.
Cogí la piedra del suelo y la lancé con todas mis fuerzas. Alcanzó una buena altura, y en el momento en el que comenzó a bajar me entró el pánico.
No recuerdo el día exacto en el que empezamos a pegar a Bengoetxea. Comenzó como un juego. Era gordito, retraído y bonachón. Todos sus empeños por integrarse en el grupo eran respondidos con burlas, sopapos y puñetazos. Así, día tras día durante casi dos cursos. Las pocas ocasiones en las que trataba de defenderse no provocaban más que insultos y nuevas agresiones. Podría excusarme diciendo que era un niño, que me dejaba arrastrar por el grupo o que tenía miedo a ocupar su lugar. Lo cierto es que era muy divertido.
Un día, los profesores reunieron a toda la clase y nos dijeron que el maltrato a Bengoetxea se tenía que acabar. Sus padres se habían quejado. El niño llegaba a casa llorando, en ocasiones con la camiseta rota, a veces sangrando. Llegaba del colegio muy tarde, y una vez en casa no abría la boca.
Bengoetxea solía salir de la última clase a la carrera, confiando en que de esa manera se pudiera librar de los golpes. En ese momento comenzaba la cacería. Salíamos como balas tras él y lo cosíamos a puñetazos y patadas mientras trataba de escapar torpemente. Otras veces nos daba esquinazo, entonces nos apostábamos en los lugares por los que pasaba al volver a casa. Por esa razón tardaba más de una hora en llegara a su barrio, cada día cambiaba de ruta, dando larguísimos rodeos para no encontranos.

La clase permaneció en silencio mientras los profesores nos abroncaban. Les prometimos que no volvería a pasar, por supuesto. Nos mirábamos los unos a los otros con rabia contenida. Bengoetxea se había chivado y se iba a llevar la paliza de su vida. Salimos de clase buscándole con la mirada, deseosos de estar lejos del colegio y de las miradas de los adultos para ajustar cuentas. Vimos que iba de los primeros, así que bajamos las escaleras ganando puestos en la fila. Al pisar el patio estábamos justo tras él. En ese momento, en vez de echar a correr como era su costumbre, se dirigió a una mujer que le estaba esperando, era su madre. Nos quedamos quietos viendo cómo se alejaban hacia la verja. La madre llevaba a Bengoetxea agarrado de la mano y de vez en cuando miraba nerviosamente hacia atrás. No recuerdo quién fue el primero en agarrar una piedra y tirársela, sólo sé que varios más le imitamos y madre e hijo echaron a correr hacia la salida del patio.
Cuando mi piedra inició su descenso sentí una sensación extraña, un miedo intenso e irracional. En ese momento no comprendí lo que ahora sé, que estaba en la cubierta del barco y que la última amarra acababa de romperse.
La vida es corta y las oportunidades sólo se presentan una vez. Cedo algunas frases con la esperanza de que alguien las pueda utilizar.
Probabilidad de uso: 1/875.005
Situación: vas paseando por la calle con un amigo químico. De repente, pisa de lleno una mierda de perro y exclama asqueado:
-¡Ag!
Deberás responder:
-¿Plata? ¿dónde, dónde?
Mi Peluquero: ¿Lo hacemos como siempre?
Yo Mismo En Mi Propia Mismidad: Sí, muy cortito.
MP: El otro día se me ocurrió una hipótesis que quería compartir contigo.
YMEMPM: Vale, pero aflójame un poco el papelito este del cuello que no me llega la sangre a la cabeza.
MP: ¿Así mejor?
YMEMPM: Perfecto, cuéntame.
MP: Imagina que Dios existe, pero no con forma humana. No es algo físico, es un ente que con nuestros conocimientos somos imposibles de definir.
YMEMPM: Un Dios sin barba blanca. Te sigo.
MP: Bien, el sujeto creó el Universo hace millones de años, como entretenimiento, para probar si era capaz. El caso es que no diseñó un plan ni nada parecido, en un periodo de hiperactividad lo hizo y luego se dedicó a observar.
YMEMPM: Ya, ni siquiera creó vida.
MP: No, no, la aparición de la vida fue una carambola, en un momento dado se dieron las circunstancias y el primer sorprendido fue él. Lo que hizo fue observar sin intervenir.
YMEMPM: Un Dios liberal que confía en la autogestión.
MP: Exactamente. Bueno, de vez en cuando hace algo para no aburrirse demasiado, cosas pequeñas, como esos magos jubilados que hacen trucos sencillos para no perder destreza.
YMEMPM: No me cortes mucho las patillas.
MP: Tranquilo, ya me acuerdo. Como te decía, él hace sus truquitos, ¿no te ha pasado nunca que al ir a buscar el coche no está donde pensabas que lo habías aparcado?
YMEMPM: Hay veces que juraría que lo había dejado en un sitio y está en otro.
MP: Pues ese tipo de cosas, menudencias. El caso es que siente que su final está cerca.
YMEMPM: ¿No es inmortal?
MP: Noooooo, su fuerza se empieza a extinguir, y ahora duda sobre si destrozar su invento o dejar que continúe cuando él desaparezca.
YMEMPM: Ya, como un enfermo terminal que mira fijamente su acuario, ese acuario en el que ha invertido media vida.
MP: Claro. Por un lado les tiene cariño, pero por otro le parece injusto que los pececitos le sobrevivan, cuando sin él no hubieran existido. También tiene su pequeño ego.
YMEMPM: Igual no tiene la forma, pero sus preocupaciones son muy humanas.
MP: ¿Gomina?
YMEMPM: No, déjamelo así. ¿Y, qué decide al final?
MP: Ahora viene lo mejor, para decidir si cargarse el acuario o dejarlo decide bajar a la tierra, adoptar forma humana y convivir unos añitos con nosotros. Bueno, hemos acabado.
YMEMPM (me levanto de la butaca): Ya, y ahora me vas a decir quién es.
MP: Sí, te lo voy a decir.
YMEMPM: Suéltalo, ¿quién es?
MP: Son 16,50.
YMEMPM: ¿Tienes cambios de 100?
MP: Bufff, me haces una faena, ¿seguro que no tienes uno de 20 ó de 50?
YMEMPM: No, tengo uno de 100, ya te lo he dicho.
MP: Hombre, la última vez te dije lo mismo, esto no es un banco.
YMEMPM: Pues es lo que hay. Oye, tengo prisa, que se me acaba la OTA. ¿Vengo otro día y te pago?
MP: (dándome la espalda): Vete, vete.
Salgo de la peluquería al trote y al llegar a la altura de mi aparcamiento me paro en seco.
Juraría que había dejado aquí el coche.