Cine-TV


Miércoles 15 de julio a las 18:00 horas. Estas son las noticias más vistas en las ediciones digitales de cuatro periódicos nacionales.

mas-leidas1

Llevamos años hablando sobre la programación televisiva y las audiencias, que si fue antes el huevo o la gallina, que si vemos mierda porque no hay otra cosa, que si no me gusta pero lo sigo porque lo ve mi novia, que si patatín que si patatán.

Pues bien, en internet, entre cientos de noticias de todo tipo, solos ante el peligro, en plena posesión de nuestras escasas facultades, en casa o en el trabajo, las que más pinchamos son las que ves y nuestras vergüenzas quedan al aire.

Todo bloguero, en algún momento de su vida, escribe una entrada en la que habla de la piratería y pone a parir al canon, a la SGAE, a la ministra y a todo lo que se mueva. Estos suelen ser algunos de los argumentos:

- El canon es un abuso y un robo, y pagarlo me legitima para bajarme todo lo que me dé la gana.
- La banda ancha en España es de las más caras de Europa.
- Las discográficas nos han estado timando durante años vendiéndonos su música a precios abusivos.
- Según la legislación española la copia privada no es delito, así que no estoy haciendo nada ilegal.
- Las grandes compañías no han sabido adaptarse a las nuevas tecnologías.

Todo esto es cierto y lo suscribo de cabo a rabo. Ahora vienen las preguntas incómodas:

- ¿Si no existiera canon seguirías bajándote series, música, pelis y software?
-.

- ¿Si nuestra conexión a internet fuera la más barata de Europa seguirías usando el emule y el utorrent?
- Por supuesto.

- ¿Si los discos se vendieran a un precio que consideraras justo lo comprarías o te lo descargarías por la cara?
- Por la cara.

- Si mañana cambiaran la ley y fuera delito usar programas de intercambio de archivos, ¿dejarías de utilizarlos para bajarte pelis y música?
- No.

- ¿Pagarías  50 céntimos por descargarte una canción?
- No.

- ¿Pagarías 1 euro por bajar al disco duro el último capítulo de tu serie favorita?
- Nones.

- ¿Pagarías 1 céntimo por algo que puedes conseguir gratis?
- No.

Esta es la clave de la cuestión. Cuando uno se acostumbra a conseguir algo gratis luego es casi imposible convencerle de que lo pague. Podemos discutir durante horas sobre leyes y ética, pero al final este tema se basa en la aritmética y en la comodidad.

El humor inglés es algo que todo el mundo percibe de un primer vistazo y que nadie sabe explicar. La serie Extras, coproducción de la HBO y la BBC, entra dentro de ese lugar común. Es diferente, en ocasiones muy divertida, a veces te hace sentir incómodo, a ratos te hace pensar.

La serie narra las peripecias de una pareja de extras en el rodaje de diferentes películas. En cada episodio hay una artista invitado. Podemos ver a Orlando Bloom, a David Bowie o a Samuel L. Jackson riéndose de sí mismos y del star-system. Se tocan temas como el narcisismo, la competitividad entre estrellas, el verdadero valor de un Oscar y la mejor forma de conseguirlo, y de paso se hace una autocrítica feroz a la idolatrada televisión pública británica.

Imagen de previsualización de YouTube

Es curioso este fenómeno, pues hay un montón de series norteamericanas o inglesas que tratan y critican temas como la guerra de Irak, la política exterior y la gestión del dinero público con una naturalidad ejemplar. Incluso como en el caso de Extras o en la dolorosamente cancelada Studio 60 on the Sunset Strip cuentan los entresijos de una cadena o programa televisivo: los tratos de favor, el consumo de drogas, la querencia por la audiencia fácil y el humor burdo, la censura encubierta y otro montón de trapos sucios. Aquí la mayoría de las series supuestamente humorísticas siguen ancladas en los chistes malos sobre Rouco Varela, la derechona y el tamaño del pene. También se agradece que en las buenas comedias no incluyan risas enlatadas, ya sabré yo cuándo reirme, no hace falta que me digan dónde está el chiste.

La  única pega de Extras, como buena serie inglesa, es que sus temporadas son de sólo seis capítulos. Una serie en apariencia sencilla, pero que esconde cargas de profundidad contra el mundo del cine y la TV. Sus protagonistas son capaces de llevar la humillación y la vergüenza a límites insospechados, y encima lo hacen con gracia. Si tuviera que apostar por quiénes inventaron lo políticamente incorrecto, diría sin duda que los ingleses.

David Fincher es un director al que muchos descubrimos con Seven, una vuelta de tuerca al cine negro que revolucionó un género que parecía exprimido. Son incontables las malas copias de esa película que se han hecho desde entonces con la fórmula “asesino en serie que va dejando recaditos al policía protagonista”.

Dos años después filma The game, película entretenida y original que ya nos viene avisando de que estamos ante un director diferente. Eso se ve más a las claras con El club de la lucha, que podríamos definir como película de culto. Mi definición de  película de culto viene a ser: película normalita que es adorada por una minoría. Es tramposa y violenta sin justificación. Eso sí, sabe tocar muy bien la fibra de cierto tipo de público: si tienes 15 años será tu película preferida, si has cumplido los 30 te resultará pretenciosa. Edward Norton, como siempre, está genial.

Después hace su filme más flojo, La habitación del pánico. Demasiado predecible para alguien del que esperamos que nos sorprenda. Tarda 5 años en rodar Zodiac, para la mayoría de los críticos una obra maestra. Me dormí dos veces viéndola, lo que no es ningún mérito ya que dura 158 minutos. Intenté darle una segunda oportunidad, pero en un momento dudé sobre si mi DVD estaba reproduciendo a la mitad de velocidad y decidí abandonar. Da cierto prestigio ir contra la opinión generalizada. Yo me guardo 3 balas para las discusiones cinematográficas: Zodiac es un pestiño, Bardem está normalito en No es país para viejos y Ciudadano Kane me aburre.

benjaminbutton.jpg

El curioso caso de Benjamin Button me recordó al Fincher que más me gustaba, durante la primera hora disfruté como hacía tiempo que no lo hacía en un sala de cine. Se notaba la mano del guionista de Forrest Gump en algunas escenas que entrelazan las aventuras del personaje con sucesos históricos. Después la película baja, inevitablemente cuando un filme dura 167 minutos en algún momento tiene que flojear. Pero aún así, aunque yo le hubiera metido un tajo de casi una hora y le hubiera quitado kilos de azúcar, salí del cine con la sensación de no haber sido estafado, que no es poco.

Hay un trío de directores que ahora ya son cuarentones a los que decidí seguir la pista en su día: Cristopher Nolan, Bryan Singer y David Fincher. Por ahora me quedo con este último.

Damages fue una de las series revelación del año 2007. Volvían las series de abogados por la puerta grande, con un reparto encabezado por Glenn Close, con Ted Danson en su mejor actuación que yo recuerde y con secundarios de lujo como el espectacular Zeljko Ivanek. Una buena historia, algo efectista pero que funcionaba como un reloj. De repente surgió un problema: el respaldo de la audiencia.

Me juego toda mi carpeta Incoming a que la serie fue escrita para una sola temporada. Una miniserie con un principio y un final. Una película de 550 minutos donde el último capítulo cerraba la trama, con final feliz o infeliz, con hilos sueltos o sin ellos, pero se acababa. Pero claro, cuando la crítica y el público respaldan, y las grandes marcas y los anunciantes se pelean por aparecer en tu serie, a ver quién es el ejecutivo de la Fox que se atreve a decir que el chicle no se alarga.

Damages

Por fin hemos podido ver los primeros capítulos de la segunda temporada. Una mierda como un piano. Ni siquiera la inclusión de William Hurt salva la catástrofe. No hay ideas nuevas, las que hay no enganchan y se empiezan a repetir los giros de la primera temporada cambiando los personajes. Si no hay tensión ni intensidad, si lo único que te intriga es cuándo acabará el capítulo para irte a la cama, es que la serie ha muerto. Eso sí,  económicamente será un producto muy rentable, la estela de una buena primera temporada hará que la mayoría aguante la segunda hasta el final.

Yo me planto y viviré de recuerdos respecto a esta serie. Esos recuerdos están guardados en el mismo cajón donde descansan otras series que pudieron ser y no fueron, junto con sus pertinentes preguntas: ¿Y si Lost hubiera durado sólo 3 ó 4 temporadas? ¿Y si los creadores de Héroes no hubieran tirado por el camino fácil nada más empezar la serie? ¿Por qué no cerrar Dexter tras las dos primeras temporadas, cuando se acaban las tramas basadas en las novelas originales? ¿Qué tipo de droga tomó Alan Ball entre A dos metros bajo tierra y True Blood? ¿Por qué no hicieron un contrato vitalicio a todo el equipo de Los Soprano?

Daños y perjuicios para el público de Damages, por favor.

Página siguiente »