nos-gustaria-que-nos-gustara-la-musica-clasica

pintadas-recorte

plan-de-recortes

la-razon-para-levantarme

Cuando era un niño, pensaba que al llegar a la edad que tengo ahora sería un hombre con las ideas claras, libre de inseguridades, con las tablas suficientes como para saber desenvolverme en las situaciones más complicadas, no perdería la calma y no me quedaría nunca sin saber qué decir. Sabría cómo funciona la bolsa, bebería licores sin que se me subieran a la cabeza y aparcaría mi coche sin hacer múltiples maniobras. No tendría miedo a nada, el taladro sería una extensión de mi mano y no saltaría sobre la cama haciendo como que toco la guitarra. Distinguiría rápidamente a las personas buenas y a las malas, soportaría el dolor extremo sin una mueca y jamás derramaría una lagrimita al final de una película.

Eso es lo que pensaba, y ahora puedo asegurar que todas mis expectativas se han cumplido, una a una. Como un campeón.

fifa-introduce-tecnologia

para-defender-nuestros-derechos

Recuperamos los pantalones cortos del armario, y nos sorprendemos un año más al descubrir que meando desde una altura determinada y un ángulo concreto, las gotitas de orina acaben llegando hasta nuestras desprotegidas espinillas. No se hace queriendo pero acaba pasando, miles de varones circulan por las calles con restos de pis en sus piernas. Durante el resto del año los orines están en el pantalón, lo que tampoco resulta reconfortante.

Parece más higiénico mear sentado, pero en el inconsciente colectivo masculino equivale a humillación máxima. Si tus amigos se enteran de que tu novia te engaña con todo el equipo de futbito del barrio, es posible que provoques lástima, pero si descubren que tu mujer te obliga a mear sentado, las bromas crueles te acompañarán hasta la tumba.

¿Meo de pie por miedo, por tradición, por educación o está en mis genes?, ¿mear sentado se considera un acto de rebeldía, de sumisión o feminista? Y lo que es más importante ¿por qué cuando mis piernas son salpicadas por mi meada nunca las limpio?

no-a-la-restauracion

parabola-del-hijo-prodigo

« Previous PageNext Page »