Lo peor que le puede pasar a un nombre es que se quede viejo. Sobre todo si se pasa de edad antes que el producto o persona a la que define.
Un nombre puede pasar de ser cool a sonar de culo en muy poco tiempo. La vida misma está llena de ejemplos. Macario, Crisóstomo, Rutilio (en el top 10 de la Guía Federico de Nombres Feos Para Bebés), Rodolfo, Concepción, Honorato, o sin rebobinar tanto en el calendario, Manu Tenorio. Son ejemplos crueles que se sobrellevan durante toda una vida.
O Chendo, por ejemplo. Si tu padres son del R. Madrid, y si naciste después de la noche de Copa de Europa en la que Chendo “secó” a Maradona (Real Madrid-Nápoles, 87/88), las consecuencias pueden ser fatales. En el facebook hay bastante gente que se llama Chendo. No sólo eso. Es que hay gente que se llama Chendo Teruel. Incluso hay un Chendo Iron. Con eso se demuestra que todo puede empeorar.
En estos casos el remedio suele ser tan dramático como la enfermedad. El poseedor, desesperado, se agarra al diminutivo o al apodo cariñoso como puede. Mac (ario), Rudi, Conchi. Hono. Chen. Fatal.
Joshua. Quizá tuvo su momento fashion en el 87. Cuando Bono, The Edge y sus amigos lanzaron aquel mítico álbum, Joshua Tree (el corrector automático del iPad, al escribir Joshua Tree, me sugería Hostia Tree. En serio. Y no va desencaminado). Ir con ese nombre por la vida es como llevar marcado en la cara, hasta los 88 años, un bofetón que te dió tu madre cuando tenías 9.
La gente no te pregunta nada, ni hace comentarios, por no hacer leña del árbol caído. Tú sabes lo que todo el mundo piensa, y todo el mundo sabe que tú sabes que ellos saben que tu nombre es una putada. No hace falta que ni se comente.
Por otro lado, la publicidad y el marketing nos regalan ejemplos no menos dolorosos. Especialmente sangrantes cuando la vida del producto es larga, caso automóviles, o caso nombres de grupos de música.
Hyundai Matrix. ¿Habéis visto algún Hyundai Matrix? Hay que tener valor para poner un nombre futurista a un coche que nació sin futuro. No puede ser más soso. Ves uno hoy, lees “hyundai matrix” y piensas: ¿se lo regalaron con el DVD?
Seat Ronda. En la fiebre de Seat por acaparar toda la geografía española, se les fué la mano. Podía haber sido peor: Seat Torremolinos. O peor: Seat Vigo.
Los Sírex. En realidad, el problema no está tanto en la palabra sírex, como en el “Los”. Cualquier nombre de grupo musical que comience por “Los” se queda fuera del mundo Spotify.
La Década Prodigiosa. Cuando la década se enfrentó al paso de siglo, intentaron usar el diminutivo. Le quitaron el Prodigiosa pero, a pesar de que con este palabro soltaron mucho lastre, aún así les quedó La Década. Este momento coincidió con que algunos ex-concursantes de OT se integraron (quizá seria mas apropiado decir “se desintegraron”) en ésta milenaria formación (quizá “deformación”). Uno de ellos, un chico de poco mas de 20 años al que sus padres habían estigmatizado con el nombre de Javier Antonio. Su diminutivo, obviamente, empeoró las cosas: Javián.
Pimpinela.
Paredes. La moda vintage que rescató adidas y que ayudó a marcas olvidadas como Puma, Converse o incluso Le Coqu Sportiff, ha hecho muchos favores impensables, pero no se pueden pedir milagros. Todo tiene un límite, una barrera. En este caso, una pared de hormigón. El nombre Paredes para unas zapas guapas es un bajón. Tal vez pueden reorientar su marca hacia el mundo del trekking o, mejor, la escalada. Puede. Desde luego para una fiesta kool, hoy, en Berlín o ese rollo, mal.
Teletrébol. En su día, años 90, un avance tecnológico hacia la televisión interactiva. Tiene el récord Guinness de envejecimiento prematuro: a los 5 minutos de inventar ese nombre ya se había quedado antiguo. Una especie de mando a distancia, con botones, circuito impreso interior, etc. no puede llamarse teletrébol y aspirar a liderar un crecimiento tecnológico, aunque sea de telecinco.
Resumiendo: el acto de poner nombre a algo es sagrado, y quizá la primera gran decisión transcendental e irreversible de la vida de una persona, objeto o servicio. En nuestro caso, de una Personal Brand.
El consejo: no te dejes llevar por la emoción, ni por una corazonada, ni por un disco, ni por un jugador que ha marcado un gol en la final de un mundial, y mucho menos por una cantante que se presenta a eurovisión.