Hace tiempo que tenía pendiente otra entrada sobre Bizigune, entrada que tiene un doble objetivo.

En primer lugar, denunciar a Bizigune. Nuevamente. Gritar a viva voz que, a pesar de la impotencia, a pesar de la fuerza de esa administración que todo lo puede, a pesar de la soledad del necesitado que en su angustia es arrollado por la política que debe protegerle; a pesar de todo ello, no debemos dejar de denunciar a Bizigune, la mayor vergüenza que yo he conocido en la política vasca acerca de un derecho tan básico como el relativo a una vivienda digna.

La lista de abusos que he escuchado me resulta ya innumerable…

- La falta de información a solicitantes y adjudicatarios acerca de su situación es evidente. Esa es precisamente la clave de la vulneración de cualquier derecho. Desinformación.

- Así, no existen listas, ni criterios claros sobre la adjudicación. Falta de transparencia.

- Las personas registradas de forma individual tienen más probabilidad de adquirir una vivienda que las parejas. Discriminación.

-No existe límite máximo en los ingresos de los solicitantes. Se trata de una política no social de vivienda, ¿cómo es esto posible en el contexto en el que vivimos?

- Los contratos pueden durar entre 1 y 5 años. Según la legislación en materia de vivienda, el inquilino tiene derecho a una duración de alquiler de la vivienda habitual de un máximo de 5 años.  Derechos amparados en la ley para los inquilinos de primera (los del mercado libre) y derechos restringidos por el Gobierno Vasco para los inquilinos de segunda (los de Bizigune).

- La renta asignada no está sujeta a revisión. No hay derecho a reclamación.

- Las averías no son atendidas de manera diligente, a veces ni siquiera son atendidas. ¿Con niños y sin agua caliente, por ejemplo? ¿Dónde queda nuestra dignidad?

- A veces no se devuelve la fianza aludiendo a desperfectos que pudieran ser previos a la estancia del inquilino. Apropiación indebida de bienes.

- En ocasiones se continúa cobrando la luz y el agua después de que el inquilino haya abandonado el piso. Nuevamente, apropiación indebida de bienes.

- Por lo visto, al finalizar el contrato o casi al expirar éste, no es infrecuente recibir una carta en la se concede  un mes de plazo para abandonar el piso bajo amenaza de desahucio; esta carta es enviada independientemente de que se renueve el contrato o no. Trato deshumanizador.

Ante tal lista de agravios, mi pareja y yo nos estamos planteando darnos de baja en Bizigune. La única ventaja que supone Bizigune es un precio más bajo del alquiler, pero en todo lo demás vulnera sobremanera los derechos de las personas que tenemos dificultades para acceder a una vivienda en alquiler en el mercado libre.

En segundo lugar, me gustaría aprovechar esta entrada para reconocer las expresiones de desesperación que han ido a parar a este humilde blog a través de los 69 comentarios recibidos hasta la fecha en una entrada que fue publicada el 11 de agosto de 2009. 69 comentarios. Un récord increíble para esta modesta blogger que no suele alcanzar más de 6 ó 7 comentarios por entrada. Un récord absolutamente lamentable para la que escribe, ya que significa que estas personas no han encontrado un foro más adecuado para sus denuncias.

Valga esta entrada para reconocer esas voces y sus palabras, voces y palabras que han quedado enmudecidas por la administración pública.

Dedicado a Antxo, Luna, Eric, Tengoalgunaoportunidad?, Mikel, Junkal, Zaloa, Jon Franco, Buhita, Currito, Iramai, David, Garbiñe, Txerra, ID,  Iban, Figumafra, La Tía la Vara, Jon, Ibaitor, David, Miguel, Sergio, Rakel, Eva, Elena, Elene, Topopilla, Rakel, Yomisma y, por supuesto, a todos aquellos que no he nombrado pero que han sido también, de una u otra forma, víctimas de Bizigune.

No nos gustan los problemas, especialmente los de los demás. Las personas huimos como de la peste de todo lo que huela a preocupación o disgusto, de manera que al preguntar a alguien más o menos lejano “¿Qué tal estás?!”, lo último que esperamos es que nos contesten realmente cómo están si es que no se encuentran demasiado bien…

Hasta aquí todo bien. El problema aparece cuando nuestro hermano, hermana, nuestros padres o un buen amigo actúa de igual modo huyendo de nosotros sin mirar atrás… Observar con nitidez que cuando al contarle a nuestra mejor amiga alguna pequeña o gran preocupación, ésta huye de nuestros problemas y nos suelta aquello de “Pero lo demás bien, ¿no?”, es un duro golpe del que es necesario recuperarse.  “Sí, sí. Estoy en el hospital con 17 huesos de mi cuerpo rotos, mañana me operan y no sé cómo quedaré, pero lo demás bien.”

Vaya por delante que confío en que hay trabajadores en la Oficinas de Información y Atención al Consumidor y al Usuario que se preocupan verdaderamente por los derechos de los consumidores.

Vaya por delante que confío en que en dichas oficinas habrá ocasiones en las que respondan satisfactoriamente a la demanda de los consumidores, incluso aunque no sea siempre a su favor.

Pero en esta entrada no pretendo tratar de la buena labor que se realiza en las diferentes Oficinas de Información al Consumidor.

En esta entrada quiero subrayar más bien la frecuente inoperancia e incompetencia que yo he observado, y la frustración que esto ha despertado en mí como consumidora.

Y como muestra, tres botones.

Pongamos la lupa en una oficina cualquiera de Gipuzkoa. La de Errenteria, por ejemplo, un pueblo que según el Censo del año 2009 consta de 39145 habitantes. En este pueblo, si Ud. tiene alguna reclamación que realizar en julio, por ejemplo, y llama para llevarla a cabo le pueden decir, como a mí me dijeron el pasado 8 de julio, que hasta el 2 de agosto la persona responsable no estará por lo que tendrá que esperar. Y sorprendentemente, cuando Ud. vaya el 9 de agosto, por ejemplo, se encontrará con que la oficina simplemente está cerrada durante el mes de agosto.

Hace unos días hablaban en la radio con una responsable de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU). Dicha responsable fue consultada por una oyente, a la que el propietario de la vivienda en la que residía en régimen de alquiler se negaba a devolverle la fianza. Para tal negación aludía el propietario, entre otras cosas, a la limpieza de las ventanas (que valoraba en 400 euros). La responsable de la OCU tras escuchar el caso le respondió que habría que estudiarlo detenidamente. Yo entonces me acordaba de mi hermana que hace varios años alquiló una vivienda en un estado de suciedad lamentable. Al consultar en la Oficina de Información al Consumidor sobre esta cuestión, la trabajadora respondió taxativamente que no había nada que reclamar, que era muy difícil lograr algo a través de una reclamación. Al parecer, según podemos concluir, la suciedad para el inquilino resulta algo poco tangible. Sin embargo, para el propietario puede que esta misma suciedad resulte más tangible e incluso cuantificable en euros.

Hace unos años hice una consulta sobre ciertos problemas que tuve con la Agencia Inmobiliaria que había “gestionado” el alquiler de la vivienda en la que yo residía. Básicamente los problemas se pueden resumir en una presión inmoral por parte de la responsable de la Agencia para que abandonara el piso, ya que al propietario le interesaba venderlo. Yo tenía claros cuáles eran mis derechos, 5 años de contrato, pero quería informarme sobre la posibilidad de poner una reclamación por las presiones a las que me estaban viendo sometida. La respuesta en esta ocasión también fue clara: no merecía la pena ya que no iba a lograr nada.

Y al final, en muchas de estas situaciones, el ciudadano se siente doblemente dañado. En primer lugar, por la cuestión objeto de la reclamación. Y, en segundo lugar, por la propia Oficina que ha de defenderle de los abusos, que está de vacaciones o sencillamente trata de disuadirle haciendo alusión, no a la falta de derecho a dicha reclamación, sino a lo improbable que resulta lograr una resolución satisfactoria.

En definitiva, ¿quién defiende a los consumidores de las Oficinas de Información al Consumidor?

A muchos de nuestros padres nunca les enseñaron a decir “te quiero”.

Y a veces hoy les culpamos por ello.

Nunca han expresado de forma explícita el amor que sienten hacia nosotros, tampoco hacia sus padres o hermanos. Aprendieron que tales muestras de afectos dejaban a la persona en una situación de debilidad, de probable vergüenza. Y algunos, los más obedientes, lo aprendieron demasiado bien.

De la misma manera, valorar al otro, expresar elogio o alabanza ha sido considerado pedagógicamente pernicioso. Y así lo aprendieron muchos de nuestros padres.

Y a veces también hoy les culpamos por ello.

Nunca nos han dicho lo buenos que somos ni tampoco lo bien que hacemos algo. Los reproches, no obstante, han llegado sin mayores dificultades.

Hoy, a punto de asumir el doble rol de hija y madre, hago autocrítica e intento no culparles. Y, sin embargo, creo que somos libres para no aprender lo que nos enseñan.

Te quiero muchísimo.

holidaysAhora que muchos empezamos las vacaciones, me surgen, como casi todos los años, preguntas y reflexiones sobre nuestras conductas y costumbres durante el periodo de asueto.

¿Que buscamos en las vacaciones?, ¿y qué encontramos realmente en nuestras vacaciones?

Descansar, dormir, comer, beber, aburrirnos, una nueva rutina elegida a veces no exenta de estrés, hacer cosas supuestamente interesantes que poder contar después a los demás…

También para elegir cómo pasar las vacaciones, si es que tenemos esa suerte, necesitamos conocernos a nosotros mismos, saber lo que necesitamos o deseamos, sin importarnos lo que hacen los demás o lo que está de moda. Pero no parece que ésta sea una tarea sencilla, incluso cuando se dispone del tiempo y del dinero… Y es por esta falta de conocimiento de uno mismo, entre otras cosas, por lo que muchas personas después de las vacaciones se sienten más cansadas, estresadas, tristes, agobiadas…

Y, sin embargo, si alguien les pregunta “¿Qué tal las vacaciones?”, hablarán maravillas de la ciudad que visitaron, de los lugares que conocieron, motivados quizá por la fuerza que les da el saber/sentir que tras esa respuesta se están valorando a ellos mismos y su capacidad de disfrute.

Y es por ello que resulta tan difícil hallar respuestas sinceras sobre los lugares que visitan los demás.

Por cierto, Oviedo tremendamente decepcionante…

La semana pasada estuve en Oviedo.

Durante los desayunos en el hotel solía coincidir con una de mis antiheroínas: una de esas mujeres que nunca me gustaría llegar a ser. Era una señora de unos 55 años, más o menos esbelta, más o menos corpulenta.

No importaba que fuesen las 8 de la mañana, ella ya lucía un aspecto de boda, cabello peinado de peluquería, maquillaje que difícilmente permitía distinguir el verdadero color de su piel, pintalabios, rímel, raya, sombras y colorete.

Su vestimenta, por supuesto, acorde con la imagen que emanaba su rostro. Vestido o traje aburrido, de señora que ha pasado demasiados años contemplándose en el espejo.

Y sus modales, exquisitos. Espalda inverosímilmente recta. Manos cuyos dedos sólo tocaban cubiertos y un cuidado en sus movimientos, demasiado costoso, demasiado ensayado, que descartaba por completo cualquier atisbo de espontaneidad.

Gracias antiheroína por ayudarme a no perderme en la sombra de la imagen.

Gracias antiheroína por guiarme en mi camino.

Pero, ¡qué solos estamos!

Es por ello que si conseguimos conocernos a nosotros mismos, amarnos y comprendernos, y vivir así con serenidad todos los momentos de la vida en los que nos toca vivir solos, nos convertiremos en seres más tranquilos, seres sin miedo a los fantasmas, seres dispuestos a ir más allá de nosotros mismos.

Pero, ¡qué solos estamos!

Es por ello que si encontramos una sola persona a la que amar, que nos ame, que nos comprenda en un sentido profundo e intenso, nos convertiremos en seres tremendamente afortunados, seres que están menos solos en este mundo, menos perdidos y más felices en definitiva. Y qué inmensa la felicidad de aquel que encuentra no una persona sino dos.

Pero, ¡qué solos estamos!

Es por ello que si conseguimos superar en cierta medida nuestro inherente egoísmo a través de un amor inmenso e incondicional por otra persona, a través de la generosidad y el altruismo que denotan el dar sin esperar nada a cambio, a través de este tipo amor tan especial, aunque sea a una sola persona, también lograremos así estar y sentirnos menos solos.

Y sin embargo, ¡qué solos estamos!

Perdonen mi demora en publicar una nueva entrada. En esta ocasión tengo una excusa. Si les digo “Telefónica, siempre jodiendo“, seguro que lo entenderán. ¡Qué gran eslogan el de aquel sketch de Martes y Trece! ¡Qué actual! Es tan bueno que igualmente sirve a Euskaltel, Vodafone, Orange…

 

Y mi pregunta, al igual que aquel día no muy lejano, es: ¿hay alguna compañía de teléfono honesta?, ¿hay alguna compañía de teléfono a la que no se ajuste al dedillo este eslogan?  

 

Después de pagar la penalización del contrato de permanencia a Vodafone (¡permanencias nunca más a mi nombre!) por razones insólitas, después de resignarme a tener que escribir los sms sin tildes para que Orange no me cobre el doble o el triple, después de una lista innumerable de abusos, se siguen sumando nuevos ultrajes a la lista haciendo ésta todavía más innumerable. Y aquí os comento el último que me ha tocado padecer y que todavía hoy sigo padeciendo.

 

Parece que para cualquier compañía de teléfono un nuevo cliente debería ser algo así como un caramelo, un terrón de azúcar o, al menos, algo que se tradujera en una predisposición a satisfacer y contentar al nuevo cliente… Pero las suposiciones son vanas cuando se trata de compañías de teléfono. Os explico.

 

Hace algunas semanas solicité el cambio de Euskaltel a Telefónica para el teléfono fijo e Internet. Pues bien, el lunes pasado me llamó el técnico para decirme que esa misma mañana se iba a pasar a hacer la instalación. Sin embargo, azares de éstos tan frecuentes en las compañías de teléfono tuvieron como consecuencia que hubiese un error en el pueblo de residencia que les figuraba, de manera que el citado técnico buscaba con ahínco mi domicilio a 10 kilómetros del mismo. Una vez detectado el error, me llamó y me explicó que alguien se pondría en contacto conmigo para hacer la instalación, dado que estaba fuera de su zona. Y es entonces cuando empezó mi calvario.

 

No sé si está de más decir que nadie se puso en contacto conmigo. No sé si está de más decir que llevo sin teléfono desde el lunes y sin Internet desde el miércoles. No sé si está de más decir que he llamado al menos 5 veces al 1004 y que todos los teleoperadores me dicen que se pondrán en contacto conmigo ese mismo día o el siguiente, contacto que nunca se produce. No sé si está de más decir que he hecho una reclamación en Telefónica. Y no sé si está de más decir que después del cabreo monumental, vino la frustración, y finalmente se ha apoderado de mí un sentimiento de total desamparo.

 

Sigo sin teléfono.

 

Sigo sin Internet.

 

“Telefónica, siempre jodiendo”.

…no pagar la OTA.

Ilusa de mí, creía que un día de huelga general los trabajadores de la OTA no estarían en activo. O, al menos, estarían bajo mínimos… Pero me he equivocado.

Vuelvo de Zarautz con 10€ menos en el bolsillo por una hora de aparcamiento…

¿Dónde están los piquetes cuando se les necesita?

no_tocarPasan los días, las semanas e incluso los meses, y lo que era una tripita incipiente ahora se ha convertido en una toda una barriga.

Ha llegado un momento en que es difícil disimular, y ya nadie duda al verme de que, efectivamente, estoy embarazada. Y esta evidencia ha traído consigo un efecto muy poco deseable. Una falta de modales y decoro por parte de conocidos y desconocidos, los cuales al verme se ven impelidos, por no sé muy bien qué fuerza de la naturaleza, a tocarme la tripa sin previo aviso ni permiso. En mis indagaciones he descubierto que esta conducta no obedece a ningún tipo de motivación personal y que generaciones de embarazadas la vienen sufriendo en silencio sin poder hacer nada por evitarlo.

Es por ello que me he decidido a escribir estas letras para expresar lo molesto y arbitrario que resulta que cualquier conocido toque tripa ajena sin ningún reparo.

Espero que mis palabras sirvan como reflexión para aquellos bienaventurados que no sabían lo que hacían.

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