Mar 7 may 2013
Tipos de fauna universitaria
Publicado por pepita grilla en la categorÃa ANECA , Fauna universitaria-Sin comentarios -
Hace unos dÃas recibà una feliz noticia. La ANECA, Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación, me concedió la acreditación de Profesora Contratada. Tremenda alegrÃa. Para la persona ajena al mundo de la universidad resulta difÃcil de explicar. No mejoran mis condiciones laborales, seguiré ganando lo mismo, en la práctica todo sigue igual. Me queda un año y medio de contrato. Y aunque consiguiera la acreditación siguiente para Titular o Catedrática, todo seguirÃa igual. Pero nada es igual. En el pasado conseguir esta acreditación implicaba que la universidad sacaba una plaza (de contrato indefinido) a concurso público que, en general, hubiera conseguido yo. Pero la crisis se lleva por delante a muchos investigadores y profesores independientemente de su valÃa. En fin, mi parte del trato está hecho. El otro es el que no cumple.
En cualquier caso, estoy feliz. Estos dÃas, coincidiendo con mi acreditación, ha habido un conflicto en mi Departamento que me ha recordado otros tantos. Y hoy me gustarÃa compartir una reflexión acerca del mundo de la universidad. En concreto, acerca del profesorado de la universidad.
Creo que ya he dicho más de una vez que considero que tengo una gran suerte con mi trabajo. Es flexible, permite trabajar desde casa, es creativo, continuamente se aprenden cosas nuevas, y aunque impartas la misma asignatura año tras año, siempre es mejorable tanto en relación con los contenidos como con los métodos. Los alumnos son siempre diferentes, por lo que con poco esfuerzo puede ser un trabajo realmente motivador y enriquecedor. En mi caso solo veo dos grandes pegas: el sueldo y la inestabilidad. Es por ello que no entiendo el comportamiento de algunos de mis compañeros que no sufren las contrariedades que sufro yo; es decir, que tienen un sueldo más que digno y que tienen un contrato indefinido o son funcionarios. Les miro y me parecen verdaderos extraterrestres. Seres que, teniéndolo todo, un trabajo lleno de privilegios, viven en lucha continua de poder, abusando del más débil, del que pueden o del que pasa por ahÃ, visualizan batallas épicas en medio de caóticas paranoias, y tejen artimañas para dejar fuera de combate a sus contrarios. Seres que no son conscientes de la que está cayendo, seres que no aprecian los privilegios de su trabajo, ¡pero qué digo!, ni tan siquiera los perciben como tales. Seres tristes que viven instalados en la queja constante, la frustración y la insatisfacción. Dentro de este grupo encuentro tres tipos fundamentalmente: los mezquinos, los inestables y los que son mezquinos e inestables al mismo tiempo. Los mezquinos, personas ruines, mentirosas que no sienten respeto ni por sus compañeros ni por sus alumnos. Los inestables, personas que abusan o hacen daño a otros pero sin motivaciones sádicas necesariamente; personas que hieren o lastiman a otros y cuyo comportamiento se explica aludiendo a razones que se encuentran en su interior, un interior revuelto y amenazador, un interior lleno de conflictos mal gestionados y con una elevada dosis de hostilidad. Y, por último, aquellas personas que lo tienen todo para su desgracia: mezquindad e inestabilidad emocional.
Para un considerable porcentaje de la población no importa lo bien que les vaya en su vida. Estas personas de las que hablamos no pueden evitar arruinar todo aquello que tocan. Son ellas, no yo. Son ellas no el contexto. ¿Y qué podemos hacer? Mantenerlas a miles de kilómetros emocionales, a años luz.



