abril 2008
Archivo mensual
Mar 29 abr 2008
Publicado por pepita grilla en la categoría
GeneralSin comentarios
Hoy toca hablar de mi amigo Karlitros.
No piensen mal por el nombre, excepto por alguna que otra cerveza, Karlitros es casi abstemio, pero la adolescencia no perdona y los motes, tan exitosos por aquellos tiempos entre nosotros, hacen que hoy le sigamos llamando así, en honor a su gran capacidad para ingerir katxis de kalimotxo en aquellas noche de vino y coca-cola en las que nos íbamos de litros.
Es cierto que tampoco tenía demasiado mérito dada la competencia: un varón entre siete féminas…
Karlitros es uno de esos tipos buenos, amables y sensatos que, no sabes por qué, siempre acaban sufriendo lo que no les corresponde.
Por avatares de la vida que no me concierne a mí relatar aquí, Karlitros está pasando una mala temporada en su vida, realmente dolorosa, casi trágica. Últimamente duerme poco, no sale demasiado, se agobia más de lo debido y está sumergido en un estado de permanente tristeza.
Ha estado de baja un par de veces por razones de índole física, periodos de descanso que le han dado las fuerzas justas para no desmoronarse por completo.
Yo, tan proclive a la introspección, le he sugerido de la forma más sutil que he sabido (que reconozco no es demasiado sutil) la posibilidad de acudir a un psicólogo, pero él, espantado, ha respondido que no lo necesita de forma tajante y ha huido con la excusa de que tenía la sartén en la lumbre.
Ninguno de los médicos que le ha visto, que han sido varios, ha sido capaz de reconocer la más mínima posible existencia de un problema anímico, a pesar de que para los que le conocemos poco o mucho resulta evidente (exceptuando al propio Karlitros ya que, aunque es presumible pensar que se conoce bastante bien, no considera que tenga ningún problema psicológico).
Teniendo en cuenta que la depresión y la ansiedad pueden ser considerados casi epidemia en nuestra sociedad, malestares casi tan frecuentes como la gripe, ¿cómo es posible que los médicos que velan por nuestra salud sean absolutamente legos en la materia cuando no estúpidamente torpes?
En cualquier caso, para la persona que asume que necesita un alto en el camino, que necesita ayuda terapeútica para recuperar la felicidad perdida, la salud mental pública tampoco es demasiado halagüeña: más vale que sea verdaderamente grave el problema en cuestión (que suponga un peligro para uno mismo o para algún otro, por ejemplo), porque en los demás casos o bien ni siquiera se ofrece tratamiento, o bien se ofrece uno breve, ineficaz y, por supuesto, exclusivamente farmacológico (por aquello de la brevedad y del lucro).
Por cierto, ¿les he comentado que Karlitros es psicólogo?
Jue 24 abr 2008
Dirán ustedes que soy muy torpe, pero a la mañana me pasa muy a menudo que estoy tan ricamente bebiendo mi café solo (y cuando digo solo, quiero decir “solo”, sin cruasant, sin pastas, sin azúcar siquiera), leyendo los periódicos y, de repente, llego a una noticia que, por la razón que sea, me sorprende y acabo ahogándome, tosiendo, y sufriendo un susto doble: por la noticia y por el ahogo.
A veces, muchas veces, la noticia es desagradable, indignante, desapacible…
Pero, a veces, las menos, la noticia resulta esperanzadora. De vez en cuando les iré relatando mis torpezas con el café y sus motivos.
Hoy empezaré por lo positivo, como se recomienda, pero no sé como terminaré…

Un juez declara nulo el despido de una empleada del hogar por estar embarazada
Ayer, mientras se me atragantaba el café, pensaba, tras el ahogo, que es realmente agradable tal nota disonante aunque produzca un pequeño apuro.
Pero, después, acto seguido, me he puesto a pensar en las empleadas del hogar que conozco, y me he dado cuenta de que ninguna de ellas tiene contrato. Siendo esto así, quizá deberíamos empezar por el principio.
¿Y cuál es el principio?
Para conocer el principio, he decidido escribir una lista recogiendo algunas situaciones de desamparo de las mujeres en el mundo laboral. Pero, me he sentido tan agobiada ante una lista infinita, tan estresada, que tras acabar la tinta de tres bolígrafos bic, finalmente, he decidido ceñirme al grupo de las embarazadas (ya habrá tiempo para todo), y he escrito una lista de las situaciones habituales de desprotección en las que se puede encontrar una mujer embarazada.
Disculpen si no soy lo suficientemente exhaustiva, pero por lo visto a partir del número 3 ó 4, nuestra capacidad para procesar la información se ve muy limitada por lo que intentaré aplicar aquello de “menos es más” (no se preocupen o preocúpense, según se mire, porque hay Pepita Grilla feminista para rato):
Caso nº 1. La embarazada parada que no cobra paro.
Si bien es cierto que la Sra. Chacón comenzó un nuevo trabajo en avanzado estado de buena esperanza, de lo cual me congratulo, esto NUNCA, NUNCA sucede.
Imagínense a la Sra. Chacón en una entrevista para optar a un puesto en la red de hipermercados Eroski. Si no consiguen imaginárselo es porque, sencillamente, nunca existió tal caso.
Caso nº 2. La embarazada que trabaja pero que no tiene contrato laboral.
Como dice el dicho “Ancha es Castilla”. El empleador es libre para hacer y deshacer como le plazca. Con total seguridad dejará de cobrar los meses durante los que no pueda desempeñar sus funciones y, en el mejor de los casos, la volverá a emplear cuando la mujer, ya madre, pueda volver a trabajar.
Lo más interesante del asunto es que el empleador al mirarse al espejo se verá magnánimo y benevolente, y la mujer, se sentirá eternamente agradecida. Así de perverso es el mundo laboral para “los sin derechos”.
Caso nº 3. La embarazada parada que cobra paro.
Esta mujer se encuentra en mejores circunstancias que la del caso nº 1, ya que cobra el paro, pero en las entrevistas tiene las mismas oportunidades que aquella. Si tiene pocos meses de paro pronto se encontrará en el caso nº 1.
Caso nº 4. La embarazada que tiene un contrato temporal.
¿Se imaginan que le sucederá a la mujer embarazada de 7 meses (como la Sra. Chacón) a la que se le acaba el contrato? ¿Le renovarán?, ¿no le renovarán? ¡¡¡Qué incertidumbre, qué tensión!!! ¿Le renovarán si su trabajo ha sido eficaz, es competente y su puesto sigue siendo necesario?
Como ven, hay mucha probabilidad de que pase a ser un caso nº 1 ó 3.
Pinta mal, pinta mal. Ya ven lo difícil que resulta estar embarazada sin quedarse al mismo tiempo desamparada en el mundo laboral.
Pero no todo está perdido. Todavía me queda poder atragantarme con noticias como esta.
Mie 16 abr 2008
Publicado por pepita grilla en la categoría
GeneralSin comentarios
Al principio estamos tan solos…
Tan solos estamos al final.
En el medio me fusiono con mi madre, padre, amante, hijo, hermano:
les abrazo a todos ellos, hago el amor, le doy el pecho al niño.
Me doy la vuelta y… sigue ahí.
Al principio estamos tan solos…
Tan solos estamos al final.
En el medio me conecto con mi pueblo, con las mujeres, con los calvos:
me enorgullezco de mi tierra, me declaro feminista, reivindico el calvo is beautiful.
Ahora sí, ahora lo he conseguido, miro otra vez y… se ríe, me mira, sigue ahí.
Al principio estamos tan solos…
Tan solos estamos al final.
En el medio sueño con la máquina del tiempo, la vacuna del sida, letras que enseñar a toda clase de niños, chicos y grandes:
me conformo con las pequeñas cosas y me olvido de las que nunca llegarán.
¡Por fin! ¡Lo conseguí!
Ahora escucho carcajadas. Miro y sólo veo su sombra, se mueve hacia mí.
Al principio estamos tan solos…
Tan solos estamos al final.
En el medio ya no me resisto.
Me acerco hacia ella,
le miro y le hablo, le pregunto, le escucho.
¡Qué bueno es no sentirse sola!
Jue 10 abr 2008
Publicado por pepita grilla en la categoría
General[3] Comentarios
Hace unos días hablaba sobre lo que ha cambiado el significado de la fama. Antes, una dama respetada; ahora, frecuentemente una caricatura, a veces mezquina, casi siempre ridícula.
Una de las trágicas consecuencias de esta transformación es la proliferación de múltiples dioses en todas las esquinas.
Estos seres todopoderosos deciden sobre el futuro de sus creaciones: deciden si sus hijos abrazarán la fama (que es el cielo) o si, por el contrario, se quedarán para siempre sumergidos en el anonimato, la oscuridad y la vulgaridad, características de aquello que no se conoce (lo que viene a ser el averno en tales mundos).
Tengo una fantasía.
Se trata casi de un sueño.
No sé qué daría por que alguien lo hiciese realidad…
Tengo una fantasía. Siempre espero que suceda y siempre me decepciono.
El escenario del sueño podría ser San Sebastián; el Kursaal, para ser más precisos; y el evento que atrae a este lugar al protagonista de nuestra historia, el casting de OT, por ejemplo.
Mi protagonista entra, se presenta y, por supuesto, canta ante las deidades.
Cómo canta no le importa a nadie excepto a él, lo cual no es novedad.
El aspirante termina y es entonces cuando empieza el verdadero casting, que es seguro que no superará ninguno.
Los tres tipos empiezan a escupir sus típicas estupideces que no tienen como objeto más que insultar al aspirante a tres niveles: al físico (“tienes un aspecto de lo más hortera”), al psicológico (“te falta seguridad y carisma”) y al de las aptitudes vocales (“cantas fatal, estás haciendo el ridículo, vete a casa”), independientemente de que luego sea o no seleccionado.
Es entonces cuando el aspirante, el héroe de mis sueños, el héroe que nunca llega, no se somete, y les devuelve el golpe a través de un respeto hacia sí mismo que todos los demás aspirantes pierden en el cambio; y los dioses, estos sádicos, desnudos y hediondos, pasan a ser los miserables cobardes que siempre han sido; que siempre fueron.
Jue 3 abr 2008
Publicado por pepita grilla en la categoría
GeneralSin comentarios
Tengo una amiga llamada Irma a la que admiro enormemente y a la que, por las mismas razones, padezco casi todos los días.
Se puede decir que Irma es la musa que inspiró mi nacimiento como Pepita Grilla.
Irma es una persona con fuertes convicciones morales, un ser bondadoso y generoso, una persona preocupada por lo justo y por lo honesto: hasta aquí nada insólito. Pero Irma… Irma además es coherente, ¡coherente! ¿Se imaginan?
El mundo en el que vivimos no está hecho para ser coherentes. A pesar de que casi todos nos percibimos a nosotros mismos como seres racionales y coherentes, un análisis riguroso de nuestras opiniones y conductas, rara vez arroja resultados que tengan algo que ver con la coherencia. Nuestras ideas evolucionan a lo largo del tiempo y, aunque éstas muchas veces cambian radicalmente, nosotros, ajenos a toda evidente contradicción, nos convencemos de que forman un engranaje perfecto; reconstruimos nuestros recuerdos, y cambiamos todo aquello que resulta disonante con nuestra percepción, quizá también para seguir manteniendo una visión continua del yo.
Irma, por el contrario, es absurdamente coherente y es por ello que ha sufrido en su vida muchos duros momentos. Recuerdo uno con especial nitidez.
Sucedió hace unos tres años. Ambas teníamos 26 años y estábamos que nos subíamos por las paredes por independizarnos: vivir fuera del nido de los padres y abrazar la madurez práctica, la de poner la lavadora y llenar el frigorífico, pero también la de tirarse en el sofá y disfrutar del cine en casa. En fin, lo que ansiamos casi todos a esa edad.
Ninguna de las dos podíamos permitírnoslo: una, becaria de investigación sin tan siquiera un contrato de trabajo; la otra, trabajando en proyectos solidarios poco solidarios con su remuneración.
El caso es que un buen día le llegó a Irma una noticia maravillosa; el sueño de todo joven vasco hecho realidad; la lotería de la vida; ¡le había tocado un piso de protección! Cuando me dieron la buena nueva no me lo podía creer; he de reconocer que sentía cierta envidia pero me alegraba tanto por Irma que casi parecía que la buena nueva iba conmigo. Fue extraño porque no me enteré de la noticia por ella, con la que mantengo un contacto muy estrecho, sino por otro amigo común con el que tengo una relación bastante más distante. Hasta me sentía un poco molesta por ello; en fin, ambas tan buenas amigas y compañeras de desgracias en el tema de la vivienda… Traté de olvidar todas esas menudencias perturbadoras y la llamé por teléfono. Me contestó rápidamente. Su voz era más bien apagada, casi triste. Yo no lo entendía, llegué a creer incluso que había sucedido algo terrible (consecuencia de la ley del equilibrio del supersticioso), pero sus primeras palabras revelaron al instante cuál era su pena:
-No lo voy a aceptar.-Me dijo con una voz algo rota.- Es un piso de protección de compra, no puedo aceptarlo teniendo en cuenta lo que pienso sobre los pisos de protección de compra.
Irma y yo habíamos hablado cientos de veces sobre la injusticia de los derechos vitalicios. Ambas conocíamos un par casos de personas agraciadas en los sorteos hacía algunos años que al cabo de un tiempo habían iniciado la compra de una segunda vivienda. Nos indignaba, nos avergonzaba.
Yo no salía de mi asombro. Sabía cómo era Irma, sabía de su enorme entereza, de su conciencia moral, de su sensibilidad social, pero no me imaginaba que todo esto le pudiera llevar a tal sinsentido, a situarse por encima de sus propias necesidades.
Hace algo más de un año se fue por fin de casa de sus padres. Paga un alquiler de 500 euros por un mini-piso de 31 metros cuadrados con un sueldo de menos de 1000 euros.
Mi querida Irma. Mi pobre Irma.