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Queridos Reyes Magos:

Este año he sido una niña buena, muy buena diría yo. He sido buena con mi papá, con mi mamá y con mis hermanitos.

He salvado de la muerte a una polilla que entró en mi dormitorio.

He intentado salvar al naranjo del balcón, aunque creo que está muerto…

Le dejé azúcar a mi vecina de abajo, y eso a pesar de que siempre tiene la televisión a tope y me obliga a ver el mismo canal que ve ella. Punto extra.

He aguantado a un jefe insufrible con tres ojos y rabo.

He soportado con paciencia la lectura de artículos en los periódicos en los que el Gobierno Vasco se da bombo con su universidad sin que esto me produzca urticaria.

Tras este año de buenas acciones, algunas buenas por omisión, solo os pido una cosa. Una sola cosa nada más. He intentado conseguirla por mis propios medios, pero no me ha sido posible.

He esperado cada martes con estoicismo su llegada. Pero, o no acudía a mi encuentro o huía cuando me veía. Cada martes, pegada a la ventana, esperando algún signo, alguna señal. Pero hoy tengo el temor de que nunca llegue. La pila de platos se amontona, y mi higiene personal se ve amenazada…

Es entonces cuando pienso en ustedes, en la magia y en todo eso, y me armo de valor y les escribo. ¡Por favor, piedad! ¡Quiero una bombona de butano!