Jue 22 ene 2009
Lectura de una tesis doctoral
Publicado por pepita grilla en la categoría Fauna universitaria[3] Comentarios
Hace unos días asistí a la lectura de tesis de una amiga. Ya había asistido a varias, pero el vivirlo tan de cerca, conocer el protocolo, toda la parafernalia y padecerlo con mi amiga ha sido toda una experiencia.
Para los que no estén familiarizados con la materia, en primer lugar deben saber que la lectura de una tesis suele ser la culminación de un trabajo de investigación de no menos de 4 años, que habilita para desarrollar la carrera universitaria, es decir, para ser profesor en la universidad.
Pero hay letra pequeña, mucha letra pequeña.
Una cosa es la tarea laboriosa de la tesis doctoral, y otra cosa el espectáculo, muchas veces bochornoso, a través del que se evalúa y se aprueba la tesis.
Dicho espectáculo puede resultar de gran interés desde el punto de vista antropológico e incluso etológico: los rituales, la vestimenta, las danzas pomposas de los miembros del tribunal a través de palabras que bien podrían asemejarse a las gotas de orina del gato que marca el territorio, las conductas de sumisión-dominancia, etc.
Un pequeño detalle: el doctorando o la doctoranda se ve obligado/a a pagar una comida en un restaurante de cierto caché a los miembros del tribunal tras la lectura de la tesis; poco importa si el doctorando en cuestión está en paro o sufre del empleo precario del que tanto adolece nuestra querida universidad; tampoco importa que los miembros del tribunal sean catedráticos con sueldos mensuales que superan con creces todos los ahorros del doctorando. Es una ley no escrita.
La lectura transcurre en un contexto de absoluta formalidad en el que en ocasiones se ve al rey desnudo, es decir, a los catedráticos lanzando críticas mordaces tras las que se esconde una lectura superficial de la tesis o, peor aún, una ausencia de lectura y de conocimiento por tanto de lo que están hablando. Todos se hablan de usted, los miembros critican duramente como una manera de dejar claro quién la tiene más larga, el doctorando va encajando los golpes y sometiéndose confirmando que, efectivamente, la tiene muy pequeña.
Después, todos a comer, ya se hablan de tú, le sablean al ex doctorando y algunos hasta se permiten risas y bromas a costa del novato, porque hay algunos que siempre parecen tenerla más larga.
Y al final, cuando ya se van los miembros, y se queda el doctorando, ya doctor, a solas consigo mismo, siente una sensación extraña y absurda al mismo tiempo, alegría y tristeza, satisfacción e inquietud. Mira al mañana y ve que ser doctor no le exime de trabajar por cuatro duros. Maravillosa UPV. Bendita UPV.


2 febrero 2010 a las 13:51
[...] otra ocasión ya les hablé del ritual de la defensa de una tesis. Si bien parece un acontecimiento propio de la cumbre de la intelectualidad, guarda estrechas [...]
17 mayo 2011 a las 21:42
Querida mía, está usted mal informada. La defensa de una Tesis Doctoral (con mayúsculas) es un acto público sujeto a protocolo. Exactamente igual que un juicio en donde también hay un lenguaje específico y una vestimenta acorde. ¿Anacrónico? Posiblemente pero es lo que hay. Tu amiga lo tenía fácil. No haber hecho la Tesis.
Un saludo,
19 mayo 2011 a las 8:18
Querida Ana: ¿Quién ha dicho que no exista un protocolo? Lo conozco bien así como sus extras, y no por ello están eximidos de ser criticados. Mi amiga, como yo, lo teníamos más fácil aún: hacer la tesis, porque así lo hemos querido, defenderla públicamente y criticar cuanto nos plazca. Un saludo.