abril 2009
Archivo mensual
Dom 26 abr 2009
Publicado por pepita grilla en la categoría
GeneralSin comentarios
Después de la sobredosis de cine social de la tarde-noche del sábado en el Festival de DDHH, puedo decir que a pesar del exceso, a pesar de cenar medio bocadillo y atragantarme con las prisas, a pesar de todo, mereció la pena.
La tarde comenzó a las 17:00 con un cortometraje iraní “Rough Cut” sobre la censura aplicada a los maniquíes por su falta de pudor y su posible incitación a la lujuria. Si nuestra Begoña del Teso, que ya es parte imprescindible de este Festival, opinaba que le sobraban al menos 5 minutos, yo me atrevería a decir que le sobraban al menos 10, de manera que de 22 minutos tranquilamente nos podíamos quedar con 10 ó 12 para no hastiar al espectador. Esa sensación de un corto que se hace largo es realmente desagradable.
Después llegó el largometraje del hermano serio de Michael Moore, Morgan Spurlock, “Where in the world is Osama bin Laden?”. Un largometraje facilón, con poco contenido, un desperdicio de medios y parajes, donde Spurlock en realidad no transmite haber aprendido más de lo que ya sabía, con una moraleja final que se intuye en los primeros minutos. Por salvarle la cara, quizá esta película pueda tener cierto valor en la sociedad estadounidense para modificar la visión de los países árabes…
Tras un breve descanso, a las 19:30 tuvimos el gran placer de conocer a Heddy Honigman, directora del documental “El olvido”, junto a su productora Carmen Cobos. Antes del largometraje sufrimos con la crudeza del corto “Carretera del Norte“ donde una familia está dispuesta a lo que sea con tal de seguir sobreviviendo, incluso a dejar de ser una familia.
“El olvido” nos habla de un pequeño fragmento de la sociedad de Lima, un fragmento que huele a mimosas por la suavidad y la dulzura con las que está creado, un fragmento que nos muestra la pobreza y la desesperanza ante toda una clase política corrupta y sinvergüenza donde no hay alternativa: “Si Ud. ha de elegir entre contraer el sida o la hepatitis B, ¿qué elegiría?” Esas son las opciones políticas para nuestros protagonistas.
Después llegó el coloquio, vimos a una gran directora de cine que además posee una gran sensibilidad emocional y moral y pudimos hablar con ella.
Apresuradamente tuvimos que mal-cenar un bocadillo y volver corriendo a las 23:00 para la siguiente sesión. Begoña nos presentó a Catherine Ulmer, directora del largo “After the rape” acompañada nuevamente de Carmen Cobos, productora también de este documental.
Antes del largo, disfrutamos con la sencillez del cortometraje “Andong”, que nos habla de un niño rodeado de pobreza cuya aparente única preocupación es conseguir una televisión en color. Preocupación tan solo aparente, pues finalmente la sonrisa de su hermano de tres años vale más que el magnífico televisor.
Y después llegó “After the rape”, un documental que nos habla sobre la extraordinaria mujer pakistaní Mukhtaran Mai, que después de haber sido violada, es capaz de situarse por encima de esa vergüenza y luchar por el futuro de otras mujeres y niñas a través, por ejemplo, de la creación de una escuela para niñas. Una historia impresionante a la que el documental no le hace justicia. Una clara muestra de que las buenas intenciones y una elevada conciencia social no son suficientes. Un documental tremendamente aburrido, torpe y decepcionante que no nos habla de lo que realmente importa. ¿Quién es Mukhtaran Mai? No lo sabemos. La cara de ángel no nos llega. Unas líneas o la presentación inicial de su directora me dijeron mucho más que todo el documental, y eso es un tremendo fracaso. Y es que esto es cine, sobre los derechos humanos sí, pero cine.
Mar 21 abr 2009
Publicado por pepita grilla en la categoría
Super-Expropión[6] Comentarios
Si el Tío La Vara o Man of the Vara se erige en el superhéroe que pretende acabar con la estupidez que amenaza a las gentes que viven en el 2009, Super-Expropión es el superhéroe que viene a salvarnos a todos aquellos que nos las vemos y nos las deseamos para encontrar un piso a un precio razonable de alquiler (se da por sentado que no existe precio razonable de compra).
Super-Expropión es un superhéroe hecho de ladrillos que viene a liberarnos de todos aquellos tunantes que se aprovechan o se han aprovechado de nuestra desgracia.
Ya se acabaron las buenas formas.
Super-Expropión ha llegado. Este superhéroe posee dos super poderes: el ladrillazo mágico, que te hace perder la consciencia al instante; y la expropiación mágica, que despoja de los pisos a aquellos a los que les sobran o a aquellos que se han burlado de los inocentes.
Capítulo 1
Hay una pareja a la que hace 10 años le tocó un piso de protección oficial por 15 millones al lado del río Urumea. Actualmente ganan entre los dos 3200 euros mensuales netos, más pagas extras. El dinero no es para ellos problema… Han contratado a una limpiadora 3 veces por semana 3 horas cada día; lo de contratado es un decir claro, le pagan en negro… Para más inri, han decidido lanzarse a la compra de una segunda vivienda en Alesanco, La Rioja.
Es un día despejado en Donosti. En el cielo raso de Ondarreta algo extraño se divisa: ¿es una gaviota de color naranja?, ¿es Odón quemado por el sol en parapente? ¡No! ¡¡¡Es Super-Expropión, que viene a hacer justicia!!!
Atraviesa como un rayo el cielo desde Ondarreta a la Concha y se dirige por encima del Boulevard hacia el río Urumea. Se acerca cada vez más. Todos los viandantes contemplan atónitos a ese ladrillo gigante con ojos. Da un frenazo en seco y entra por la ventana de una de los pisos de protección oficial del Urumea, al piso de la pareja que presentamos en el inicio… En menos de 2 segundos les hace todas las maletas y el camión de mudanza espera para llevarlos a su casa de Alesanco.
¡Que tiemblen los ladrones de viviendas!, ¡qué tiemblen los sinvergüenzas que se aprovechan de las VPO!, ¡que tiemblen los políticos ladrones o incompetentes responsables de nuestra desgracia!, ¡qué tiemblen o huyan lejos porque Super-Expropión ha llegado a Donosti, y ha llegado para quedarse!
Continuará.
Mie 15 abr 2009
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General[5] Comentarios
Supongo que todos tenemos un paraíso. Un país donde nos sentiríamos (o nos sentimos) plenamente cómodos. Un país en el que conectaríamos (o conectamos) profundamente con nuestra esencia.
Algunos afortunados lo encuentran en su propio país: se sienten plenamente identificados con sus raíces, con su tierra, con sus tradiciones, con la forma de ser de sus gentes…
Otros menos afortunados encajan en algunos aspectos pero no en otros, sintiéndose, en ocasiones, extranjeros en su propio pueblo.
Y los menos afortunados no encajan en absoluto, sienten todo su entorno ajeno a ellos y tienen una sensación de intrusión constante en un mundo al que no pertenecen. Estos últimos a menudo huyen a otros lugares, espacios, tiempos o universos buscando un mejor engranaje.
Yo pertenezco a este tercer grupo, para bien o para mal. Siento una indiferencia absoluta por la Real Sociedad, todas las fiestas populares me resultan arcaicas y aburridas por igual. Paso absolutamente del día de Donosti e intento que mis vacaciones coincidan con la Semana Grande, en alguna otra parte por supuesto… En fin, soy la donostiarra ideal.
Siendo así, es fácil sentirse forastero en el propio país. Pero aún resulta más fácil sentirse forastero en un país diferente rodeado de personas del mismo país. Así me he sentido yo estos días en Las Landas. La semana pasada os hablaba de la vergüenza. Pues bien, un número nada insignificante de vascos me ha hecho pasar vergüenza, mucha vergüenza, de la ajena, de la mala. Personas que exhibían una falta de educación, dosis ingentes de mezquindad y una descomunal falta de respeto por la lengua francesa y por sus hablantes. Personas que creen en eso de “el cliente siempre tiene la razón”, y que son capaces de gritar a una dependienta francesa porque ésta es incapaz de entenderles. Personas que deshumanizan a los otros simplemente porque no hablan el mismo idioma. Personas estúpidas y borregas que no se atreverían a salir al extranjero si no hubiese un gueto donde refugiarse.
En fin, ni donostiarra ni vasca ni española. Habrá que empezar a buscar una nueva patria…
Lun 6 abr 2009
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Mis emociones favoritasSin comentarios
Mi yo del pasado se revuelve al pensar que hablo de la vergüenza como una de mis emociones favoritas. Y ciertamente lo entiendo. La vergüenza no es una de mis emociones preferidas. Es más, ni siquiera le tengo aprecio. Yendo aún más lejos, me atrevería a afirmar que es una de las emociones más detestables de mi historia personal.
Y sin embargo, hoy os presento a mi amiga y compañera de andanzas: a la Sra. Vergüenza.
La vergüenza es esa emoción que nos hace sentir calor aunque nieve. Esa emoción que nos hace sonreir aunque nos estemos muriendo por dentro. Esa emoción que nos hace desear desaparecer, esfumarnos… que nos hace desear que nos trague la tierra literalmente.
Suele aparecer en situaciones en las que se pone de manifiesto nuestra falta de competencia, nuestras faltas, nuestros defectos más inconfesables, aunque también visita a muchas personas con frecuencia por el simple hecho de ser el centro de atención en un momento determinado.
Hace poco tiempo tuve un encuentro con esta maleducada señora que aparece sin pedir permiso. Para entender la situación os pondré en antecedentes.
Resulta que se ha despertado en mí la afición por correr. Nadie lo hubiese dicho, tras años de una vida sedentaria, con algunas pequeñas incursiones en el ciclismo de bidegorri y la natación de estilo chapoteo. La cosa es que desde hace algunos meses suelo salir a correr 2 ó 3 veces por semana. Y me está gustando, la verdad. No contenta con ello, decidí dar un paso más y presentarme a una carrera de un pueblecito cuyo nombre no me atrevo a mentar.
La carrera era por la tarde de modo que allá fuimos unos amigos y aprovechamos para pasar allí el día, comidita, paseíto y demás. Bueno, la comidita fue más bien comilona… en fin.
Y llegó el momento de comenzar. Un poco de calentamiento, los nervios de la carrera, unos minutos más y por fin se dio la señal de salida.
De repente sucedió algo inaudito, un hecho paranormal, un suceso asombroso: el tiempo y el espacio parecían detenerse conmigo. Todos los demás avanzaban y yo me quedaba, incomprensiblemente, detrás. A lo cien metros del comienzo ya me sacaban 50, y a los 200 ya ni tan siquiera divisiba al último de los corredores.
Terminé la carrera. Que a nadie le quepa ninguna duda. Pero hacía tiempo que no sentía tanta vergüenza y sonreía tan estúpidamente ante los ánimos del público. La llegada a la meta fue triunfal. Mis excesos en la comida se hicieron notar de una forma insistentemente desagradable, y mientras el público enfervorizado me aplaudía y me lanzaba gritos de ánimo, yo imaginaba que me desmayaba para acabar por todo lo alto uno de los capítulos más bochornosos de mi vida.
Mi querida vergüenza. Mi odiada vergüenza.
Vie 3 abr 2009
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GeneralSin comentarios
Hace unos días hablaba con unos amigos acerca de la felicidad. A la pregunta de si éramos felices, las dos mujeres contestamos afirmativamente alzando la mano; los dos hombres no se atrevieron o no quisieron levantar la mano.
La felicidad es tan difícil de definir como el amor. Para algunos es una quimera, un imposible, una utopía; para otros más sencillos y conformistas es la simplicidad misma, una mirada, una buena película, encontrar sitio para aparcar en Rentería… Evidentemente para estos segundos la felicidad es un bien bastante asequible (excepto por lo del aparcamiento…).
Y sin embargo… la felicidad es siempre algo más. Sentir que las piezas encajan, estar tranquila, saber estar sola; mirar al futuro con optimismo y parsimonia: ya llegará y mientras… aquí estoy.
Que seáis muy felices y ahora, un poquito de mi querida Mafalda.
