junio 2009


Coincidiendo con la subida de Edurne Pasaban al Kangchenjunga, vi el documental Tocando el vacío. En el documental se relatan las experiencias de dos jóvenes escaladores, Joe Simpson y Simon Yates,  que en el año 1985 se enfrentaron al reto de escalar el Siula Grande en Perú, por la virgen y peligrosa cara occidental.

A partir de entonces,  he vivido durante unas semanas un sorprendente apasionamiento por el mundo, para mí absolutamente desconocido, de la escalada.

Nunca he entendido cómo es posible que una persona se someta voluntariamente a un sufrimiento extremo y asuma igualmente un alto riesgo para su vida. Aunque sigo sin comprenderlo, a través de las letras de Simpson en La llamada del silencio, creo que he llegado a intuirlo levemente… “Las montañas tocan el alma”, “Las montañas me hicieron egoísta”, “El dolor impetuoso y agridulce del éxtasis, y la pérdida”, “Parecía que, a veces,  de manera efímera, se pudiera llegar al inefable borde de la perfección”, “Era vivificante. Era pura emoción”.

Creo que las montañas ejercen en ciertas personas el efecto de una poderosa droga aceptada y venerada socialmente. Y como droga que es, la montaña les resta libertad, les impide disfrutar de otras cosas, además de provocar numerosas secuelas cuando no la muerte. Aun a riesgo de resultar altamente impopular, creo que no se deberían financiar con dinero público (tampoco privado) los chutes de estos héroes enganchados a esta droga verdaderamente dura.

He aquí el comienzo del despertar, de la desintoxicación de Joe Simpson (La llamada del silencio, página 57):

“Cuando escribí Este juego de fantasmas, en 1994, lo hice para tratar no sólo de explicar por qué escala la gente, sino para explorar también la extraña paradoja que supone la escalada. A fin de cuentas, para mí era una pasión, algo que me encantaba y, sin embargo, me había dejado importantes lesiones y me había hecho pasar mucho miedo, además de haberse llevado a muchos amigos por delante.”

Super-Expropión no da crédito a lo que ocurre en este país. Hace unos días salta a los medios de comunicación que una parlamentaria que gana 67000 euros anuales ha sido agraciada con una VPO, y a los pocos días los políticos extraen como conclusión que hay que subir el límite superior de ingresos:

El nuevo Gobierno Vasco se ha propuesto reformar el actual modelo de acceso a las viviendas protegidas para abrirlo a las rentas más altas y llegar a un mayor número de estratos sociales“.

Aquí tenemos la política anti-vivienda y anti-social por partes iguales. Y a Super-Expropión le hierve la sangre…

Nuestro héroe  siente que la expropiación no es suficiente. Las injusticias, la provocación… ya no tienen límites.

Necesita nuevos maestros que le enseñen otros super-poderes, grandes super-héroes que le enseñen a meter en vereda a todos estos sinvergüenzas. Y por eso, Super-Expropión ha decidido hacer un curso de verano dirigido por el grande entre los grandes, por el super-héroe el Tío la Vara:

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Hace unos días un ángel me regaló esta canción:

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Espero que la disfrutéis tanto como yo…

Es absolutamente indignante, especialmente para aquellos que tenemos dificultades para acceder a una vivienda siquiera de alquiler, que ahora estúpidos y estúpidas que no tienen que preocuparse de tales nimiedades se lleven a la cabeza las manos ante la noticia de que una parlamentaria que gana actualmente la friolera de 67000 euros al año haya sido agraciada con una VPO.

¡Que no nos hablen de defectos de forma! El sorteo de derechos vitalicios es una vergüenza pero ¡por definición!

Que no nos vengan ahora con milongas. Yo conozco a muchas Garbiñe Sáez, ¿acaso piensan ocultar ese sistema injusto y chabacano al que llaman política de vivienda convirtiendo en chivo expiatorio a esta mujer? Que  no consigan distraer nuestra atención y esconder a los verdaderos protagonistas de la película…

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