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Existe una emoción cuyo nombre en alemán es Schadenfreude y para la que no existe vocablo en el castellano. Esta emoción es sentida cuando experimentamos placer ante el sufrimiento o la desgracia ajenos. A pesar de que parece una emoción propia de las malas gentes, lo cierto es que es experimentada con frecuencia por gentes morales, inmorales y amorales. De hecho, precisamente a través de esta emoción en numerosas ocasiones manifestamos nuestro deseo de restaurar cierto equilibrio moral, el cual ha sido resquebrajado. En estas situaciones valoramos que el sufrimiento ajeno es merecido y podemos llegar a invocar incluso aquello de “justicia divina”.

Ayer sentí nítidamente Schadenfreude. Caminaba como otro día cualquiera sin pretender llegar a ninguna otra parte. Mis pensamientos eran tan silenciosos que ni siquiera yo era capaz de descifrarlos. Me detuve por un momento para poner atención a ver si conseguía escuchar algo. Y entonces la vi. Y en ese momento me embargó la emoción. Aquella jefa del pasado que coqueteaba continuamente con el mobbing a sus empleados, aquella jefa que se presentaba ante mí a cualquier hora y cualquier día a través del móvil, aquella misma jefa se encontraba en aquel momento en una cola de una oficina del INEM. Bendita Schadenfreude. ¿Quién dijo inmoral?