Vie 16 oct 2009
Aunque estoy cansada de escuchar eso de “Yo no soy racista“, he de reconocer que prefiero este comentario a su antagonista: “Yo soy racista“. Presuponemos que el que se declara como no racista, en general, es racista, lo que sucede es que no es consciente de ello. En el caso de la persona que afirma ser racista, no hay ningún tipo de censura, sino todo lo contrario: en estas personas se da una exaltación del odio a otras razas y, probablemente, del odio a todo aquel que es diferente.
La pregunta entonces es: ¿cómo es posible que una persona se catalogue a sí misma como no racista cuando tras sus conductas y pensamientos cotidianos se deduce que percibe que otros grupos son inferiores por una u otra razón? Probablemente esta falsedad se mantenga ya que no despreciamos a todos los grupos por igual, y al pensar en el racismo pensamos en aquellos grupos que nos resultan más simpáticos o más lejanos. Por otra parte, aunque despreciamos a algunos grupos atribuyéndoles todo tipo de defectos (por ejemplo, a los gitanos o a los marroquíes de nuestro barrio), sin embargo, entendemos que eso no tiene nada que ver con el racismo, ya que el racismo sería algo así como un odio al otro sin contexto, con lo cual nunca nos vemos a nosotros mismos como racistas.
En Euskadi está muy mal visto criticar a una persona negra por su raza (ya que pertenece a un grupo más bien lejano o desconocido y puede también que simpático). No obstante, hay un tipo particular de racismo, bastante antiguo, muy presente en todas las generaciones y que, con frecuencia, pasa desapercibido con disfraces poco sutiles. Me estoy refiriendo aquí al racismo hacia los ciudadanos de origen español (normalmente de un entorno rural) que se afincaron en Euskadi durante la posguerra o la dictadura franquista en busca de un mejor porvenir. Las normas prescriptivas acerca de este tipo de racismo son bastante laxas, especialmente cuando el mismo se teje con un manto de burla relativa al origen cultural y social humilde. Y he de reconocer que con este tipo de racismo encubierto he llegado al hartazgo. Creo que no voy a poder tolerar un comentario más al respecto…
Quizá lo más prudente sería decir “Yo intento no ser racista“. Creo que es lo más sensato que puedo decir de mí misma.


16 octubre 2009 a las 22:23
Creo que te estas olvidando de otro tipo de racismo, que es el que estoy empezando yo a sentir en estos momentos, por la tan mencionada crisis.Me encuentro en paro,no hago mas que buscar trabajo,todo mi tiempo esta dedicado a ello, y no es grato descubrir que para cualquier puesto en el ayuntamiento por ejemplo, te piden un perfil 2 de euskera, lo cual me parece bien,yo alcanzaria el perfil sin problemas.Resulta que en el ayuntamiento de donde yo vivo,trabajan varios imigrantes, claro estas personas no alcanzan este perfil de hecho ni lo intentan (euskaltegui).Tambien estoy cansado de saber que tienen ayudas para el alquiler,ayudas para la insercion laboral,
y no se cuantas mas ayudas, todas ellas pagadas con mis impuestos.
No se, ¿igual es que me estoy volviendo racista?o quizas es que me siento discriminado ante ellos.
18 octubre 2009 a las 16:01
Jesús Mª:
A todos aquellos que afirmáis que los inmigrantes gozan de tantas ayudas: me gustaría que tuviérais la oportunidad de ser inmigrantes por un mes para vivir la experiencia de forma plena.
A esto precisamente es a lo que me refería cuando hablo de racismo sin contexto. Nos volvemos racistas, no por pura maldad, sino porque nos sentimos amenazados, aunque la razón de ser de la amenaza sea una fantasía…
26 octubre 2009 a las 4:51
Pffff…
Para empezar, las cosas se hacen o no e hacen. No se intentan. Pueden salir mejor o pueden salir peor ¿como alguien puede intentar no ser racista?.
A ver, es lo que sientes, por lo que no debes de intentar nada. Aceptación de lo que uno es.
Con respecto al siguiente párrafo. Mira, yo no soy racista y sin embargo, hay actitudes que si bien no comparto. No creo que sean ni mejores ni peores, por supuesto. Sin embargo, mientras que una de las imágenes de un joven donostiarra puede resultar ser pijo, la de un joven caditano puede ser la de un Cani. Personalmente, me quedo con el primero puesto que creo que cuanto menos, es alguien que mantendrá el respeto.
Estoy generalizando, por supuesto, ya que no creo en la absurdez de las razas y me amparo en la bandera española solo ante los eventos deportivos. ¿Como si no se explica la adoración por la arquitectura tradicional japonesa? ¿como se explica que Alemania se presente como un país culturalmente tan fascinante? Y que hay de New York, con esa multiculturalidad en todos los sentidos? Por no hablar de Buenos Aires y la pasión argentina.
Siempre he pensado que eso es algo maravilloso, la adoración por las culturas, provengan de donde provengan.
Por cierto, Donosti, de momento le quedan muchas sopas que comer para ser capital cultural… . A ver si espabila más.
26 octubre 2009 a las 9:04
Marcos:
Gran parte de lo que hago e incluso de lo que soy es fruto de mis intenciones. Me parece muy conformista “no intentar” nada más… Ser racista no es sólo lo que sientes; también es lo que piensas y cómo actúas. Me parecería muy frustrante moral e intelectualmente no poder hacer nada al respecto…
¿Donostia, ciudad cultural? En primer lugar habría que escribir San Sebastián con tilde, como dice mi buen amigo Escéptico…
http://www.enterat.com/blogs/autores/diario-esceptico/2008/09/09/%C2%BFcultura/
Saludos.