Dom 25 oct 2009
La quimera del conductor perfecto
Publicado por pepita grilla en la categoría GeneralSin comentarios
Hace unos días escuché una entrevista en la radio a un tal Paco de la Fuente, un hombre que ha alcanzado cierta notoriedad al decidir a partir de un determinado día empezar a respetar los límites de circulación. En esta entrevista hablaba de sus nuevas experiencias, de las dificultades de ir en algunos tramos de vía urbana a menos de 30km/h, del empeoramiento de las relaciones con los demás conductores, etc. A mí todo esto me recordó a mis inicios en la conducción. Son tantos los recuerdos que acuden a mi mente…
Recuerdo mis clases de conducir. Recuerdo cuando iba a 40 km/h por el tramo que lleva de la variante a Amara y que marcaba máximo 50km/h, y mi profesor de autoescuela alarmado me decía que aumentara la velocidad; yo me negaba a ceder, fiel a las señales, y ante mi perplejidad él terminaba diciéndome: “la señal indica 50-60″. Recuerdo cuando iba por la variante a 70 km/h (la máxima es 80) y mi sabio profesor se alteraba y gritaba que iba a velocidad anormalmente reducida.
También acuden a mi pensamiento mis primeros pasos en la carretera, cuando ya tenía el carnet. Me recuerdo nuevamente en la variante a la altura de Andoain con camiones pegados a mi trasero, algunos de ellos incluso me pitaban y hacían gestos perturbadores… Me recuerdo en vía urbana cumpliendo escrupulosamente los límites de velocidad, avanzando a 20 ó 25 km/h cuando la señal marcaba 30 km/h (que es la máxima en condiciones ideales); en esta escena casi siempre aparecía un conductor malhumorado que me adelantaba por la derecha, a la vez que presionaba la bocina y me dedicaba algunas palabras que no alcanzaba a escuchar aunque sí a adivinar.
Hasta que un día… un día la presión pudo conmigo y empecé a incumplir las normas y los límites de velocidad, haciendo el camino inverso al que ha hecho Paco de la Fuente. Ahora, como decía mi profesor de autoescuela, interpreto las señales de velocidad añadiéndoles diez kilómetros por encima y aún así me paso un poco para ir acorde con mis compañeros. Ahora, emulando a todos los demás, reduzco la velocidad en las zonas donde hay radares. Los demás conductores ya no me insultan ni me miran con desprecio, me he convertido en una más, integrada en este sistema falso y absurdo.

