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Nuevamente en estas fechas toca hacer un pequeño alto en el camino. Detenerse por unos instantes. Respirar despacio. Cerrar los ojos y estar atentos a todo aquello que vemos.

Quizá tengamos la suerte de contemplar uno de los más maravillosos y extraordinarios momentos de nuestra vida.

O puede que, por el contrario, nos hayamos introducido en un pozo profundo sin siquiera darnos cuenta.

O simplemente, puede que éste sea un momento más en nuestra vida con poca probabilidad de ser recordado.

Sea como fuere, es conveniente aprovechar estas ocasiones para detenernos y observar. Ser plenamente conscientes de quiénes somos, de dónde nos encontramos y alcanzar así la tranquilidad que otorga el aceptar la realidad que nos toca vivir, hoy.

También podemos aprovechar la coyuntura para formular algunos propósitos para el año nuevo. Esto, además de ayudar a ordenar los papeles que componen nuestra vida, nos ayuda a evolucionar o, al menos, a alimentar la ilusión de crecimiento personal. Ya queda menos para el año 2010. Yo ya tengo un propósito.

Feliz año 2010.