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Desde bien pequeñita empecé a sentir una aversión creciente hacia el fútbol que con el paso del tiempo ha llegado a transformarse en fobia. Hoy, que sigo en terapia intentando superar esta fobia, a riesgo de crearme numerosos enemigos y siguiendo los consejos de mi terapeuta, he de confesarme: odio el fútbol en general, y la Real Sociedad en particular.

He tenido la desgracia, bastante común por cierto, de tener un padre y unos hermanos aficionados al fútbol, por lo que durante toda mi niñez no era infrecuente que tuviera que soportar por las tardes de asueto un partido de fútbol en la televisión o retransmitido por radio.

En el colegio tampoco estaba a salvo de mi enemigo. Los de la generación de la EGB me comprenderán al hablar de la Gimnasia de la época. Ésta se limitaba al atletismo (bueno, mejor dicho a correr) y al fútbol. En alguna ocasión, para hacer gala de originalidad y amplitud de miras, el profesor nos deleitaba con una clase de baloncesto, la cual por razones que ahora no vienen al caso tampoco suscitaba mi interés…

Normalmente, cuando algo no te gusta, como la danza o el bricolaje, no te ves obligado a soportar que te hablen ello continuamente. No ves los programas que tratan sobre ello ni lees nada al respecto. Con eso suele ser suficiente para no estar expuesto. Pero con el fútbol… con el fútbol no hay escapatoria posible. Abro un periódico, y ahí está la sección mal denominada de Deportes, ya que es básicamente una sección de fútbol. Escucho la radio y a cada rato tengo que soportar noticias sobre fútbol. O peor aún, suspenden programas de radio o televisión para retransmitir partidos de fútbol que aborrezco. ¿Y qué me dicen de las conversaciones con los amigos o conocidos? Para algunas personas el fútbol es un tema tan recurrente y socorrido como el del tiempo…

Ciertamente, la fobia al fútbol es probablemente la peor de las fobias. El coche se puede evitar, las arañas se pueden evitar, los aviones se pueden evitar, ¿pero el fútbol? Por más que lo intento no puedo evitar encontrarme con él a cada paso que doy. ¡Un poquito menos de fútbol, por favor!