arbol-21Desde hace algún tiempo ha aparecido en mí un deseo inmenso de reencontrarme con mi pasado o, mejor dicho, con mis antepasados. Estos días me viene a la memoria el maravilloso libro Orígenes de Amin Maalouf, en el que describe la búsqueda de la elaboración de su propia historia familiar…

Quiero saber quién soy más allá de mí misma. ¿Quiénes fueron  mis bisabuelos?, ¿y mis tatarabuelos? ¿Dónde nacieron?, ¿y dónde vivieron?

Resulta difícil desentrañar ese pasado. Más aún teniendo en cuenta el origen humilde de mi familia y la consecuente ausencia de documentos escritos que me puedan dar pistas para deshacer el camino andado.

Apenas he empezado a esbozar mi árbol genealógico y ya me he empezado a sentir diminuta, casi insignificante en mi propia familia. Generaciones y generaciones, individuos que van y vienen, y al final casi no queda rastro de quiénes fueron… Si no fuera por los que ahora estamos aquí, vivos…

Después de pensar en el pasado, de forma casi inevitable empiezo a pensar en el futuro. ¡Cuánta información escrita sobre nuestras vidas presentes para nuestros descendientes! Sin perder detalle… Toda nuestra vida en palabras y en imágenes, incluso en muchos casos dejaremos como legado algún blog donde se reflejará lo que pensábamos, lo que soñábamos… Y sin embargo, ¿a quién le interesará tal cantidad ingente de información? Imagino a las futuras generaciones tan desconectadas de su historia como nosotros hoy. Imagino a las futuras generaciones ignorando una espesura de datos sobre sus ancestros, indiferentes antes éstos, como nosotros hoy.

Precisamente hoy yo me desmarco de esta pauta y me acerco a mis orígenes.