cemetery1La escuela se plantea como preparación para la vida, pero, ¿qué es la vida para la escuela?

Una vida extraña, sin duda alguna. Una vida poco común.

Una vida caracterizada por la ausencia de muchas cuestiones importantes, ineludibles.
Una vida, entre otras cosas, sin trastornos mentales. Más aún, una vida sin enfermedades. En definitiva, una vida sin muerte.

Pero la vida, más allá de la escuela, ignorando las enseñanzas de ésta, hace mella en todos y cada uno de nosotros, ocasionándonos a nosotros mismos o algún familiar cercano un trastorno mental, una enfermedad más o menos grave, puede que la muerte. Sin excepción. ¿Y qué nos ha enseñado la escuela acerca de la depresión, de la anorexia o de los ataques de ansiedad? ¿Y qué nos ha enseñado del cáncer, del Alzheimer…? ¿Y qué nos ha enseñado de la muerte? Silencio. Vacío. La nada. Los conocimientos adquiridos y las actitudes que hemos desarrollado al respecto han sido construidos a pesar de la escuela. Si nosotros estamos mejor preparados para comprender los trastornos mentales que nuestros padres o nuestros abuelos, por ejemplo, si tenemos menos prejuicios al respecto, ello no es gracias a la escuela, si no a pesar de ella.

Y en esta negación de la realidad, la mayoría de los padres le sigue el juego a la escuela: en un intento burdo por evitar a sus hijos el sufrimiento, pretenden dar esquinazo a la enfermedad y a la muerte. Pero las damas negras se burlan de todos estos miedos y de esos vanos esfuerzos; irrumpen en nuestra vida, sonríen, y nosotros nos quedamos petrificados ante la visión de lo imposible, ante la escucha de lo inefable.