El buen ciudadano no se cuela en el metro ni en el tren.

El buen ciudadano siempre espera, educado, en la barra de un bar atestado de gente y siempre es el último en ser atendido.

El buen ciudadano declara todos sus ingresos a Hacienda, y todo su patrimonio, si lo tuviera.

El buen ciudadano para su coche ante los pasos de cebra con peatones esperando.

El buen ciudadano hizo reformas en su bar para cumplir la ley del tabaco.

Pero el buen ciudadano no tiene una paciencia ilimitada. Ayer, tras quedarse encerrado en casa un día de asueto haciendo caso a las autoridades pertinentes, se perdió el día más caluroso y soleado de los últimos meses. Y es por ello que hoy, la ciclogénesis ha explosionado en su propio interior, haciendo añicos al buen ciudadano que llevaba dentro.