Muchos creyeron que con la llegada de la democracia y el derecho al voto de la mujer, se acababa la discriminación contra las mujeres. Seguir reclamando nuestros derechos apestaba a rancio, a resentimiento contra los hombres, a frustración con la vida en general.

Algunos creyeron que con la incorporación de las mujeres al trabajo y el acceso libre a todos los estudios, incluidos los universitarios, se acababan los problemas de las mujeres. Seguir reivindicando nuestro espacio evidenciaba un radicalismo basado en la irrealidad.

Llegamos a los noventa. Las mujeres podían votar, podían estudiar, los padres y los profesores defendían una educación igualitaria de los niños y las niñas. ¿Qué más se podía pedir? Y como muestra de qué más se podía pedir, aquí os enseño aquel famoso sketch de Martes y Trece que todos recordaréis, en el que parodiaban a una mujer maltratada y en el que se repetía sin parar aquella manida frase de “mi marido me pega”:

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No puedo evitar sentir un escalofrío desde el momento en que Josema Yuste pronuncia las palabras “mujer maltratada” con las inmediatas risas enlatadas. Y después “por su marido” y más risas… Todos nos reímos con este sketch, o casi todos. Y hoy sin embargo…

Año 2010. Se siguen escuchando los mismos discursos. Hoy, para muchos, las mujeres hemos alcanzado los mismos derechos que los hombres y ya no se puede pedir más. Hoy, para muchos, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, no hay nada más por lo que luchar.

Pues yo quiero más, lo quiero todo.