mayo 2010
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Dom 30 may 2010
Publicado por pepita grilla en la categoría
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Desde hace ya algún tiempo, se habla a menudo en las escuelas de inclusividad, haciendo referencia a un modelo de escuela en la que caben todos los niños, independientemente de sus necesidades particulares, características personales, etc. Así, en este modelo de escuela contrario a la segregación, ésta ha de dotarse con los recursos educativos necesarios, tanto materiales como humanos, para poder responder a las necesidades educativas de cada uno de sus alumnos.
Como muestra de este ideal de inclusividad, hace un par de años tuvimos en la universidad en la que trabajo una alumna con síndrome de Down en Magisterio. Supongo que ya estará a punto de diplomarse. Esta chica, una vez diplomada, podrá trabajar a través de sustituciones en centros de educación infantil o primaria. Y es en este punto en el que nos hacemos la gran pregunta o preguntas: ¿está esa escuela tan inclusiva preparada para acoger en su seno, no a alumnos con síndrome de Down, sino a maestros con síndrome de Down?, ¿estarán los demás maestros y maestras y los padres y madres de los niños preparados para ello?
No sé si la escuela de hoy en día es verdaderamente inclusiva. Lo que sí creo es que construir este tipo de escuela ajenos e incluso dando la espalda a otras realidades sociales como es el mundo laboral resulta, cuando menos, contraproducente. Contraproducente porque no formamos niños y niñas para que vivan y se adapten a la realidad, sino a niños para que vivan y se adapten a una realidad ideal que pocas veces se corresponde con la realidad social y laboral. Contraproducente porque aunamos todos nuestros esfuerzos por lograr que la escuela sea la liebre en cuanto a educación en valores, respeto y tolerancia, y dejamos que el mundo laboral siga siendo la tortuga.
Mie 19 may 2010
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A mí me hubiera gustado independizarme con 24 ó 25 años, pero me compliqué un poco este deseo estudiando una carrera y después con la tesis doctoral.
Tuve que esperar hasta los 27 años para poder irme de casa de mis padres. Inmediatamente después, me sucedió un fenómeno curioso. El tiempo subjetivo empezó a acelerar la velocidad, habían pasado los años rápidamente y seguían pasando a esta misma velocidad, y yo detrás, con la lengua fuera.
A mí me hubiera gustado tener mi primer hijo relativamente joven, con 27 ó 28 años. Evidentemente, independizándome a los 27 años, resultaba un tanto precipitado plantearse el tema de los hijos en ese mismo momento. Y luego estaba la tesis, esa espada de Damocles, que ha sido tan acaparadora, egoísta y avariciosa, hasta hace muy poco tiempo.
Ahora, a punto de cumplir 32, estoy embarazada de mi primer hijo. Y no puedo evitar sorprenderme por algunas de las reacciones de amigos que perciben que quizá es demasiado… pronto. ¡¿Pronto?! ¡Pronto para una sociedad que vive a espaldas de su biología! ¡¿Pronto?! ¡Pronto para una sociedad asentada en el infantilismo y en la eterna juventud!
Todos nosotros tenemos sueños, deseos y objetivos.
Y luego está la realidad. Ésta en ocasiones supera con creces nuestros propios sueños, a veces hace que se cumplan nuestros deseos, y, en otras ocasiones, nos frustra de manera cruel y despiadada. Pero es la realidad, que se impone, contra la que no cabe luchar, tan solo aceptarla.
Pero que nosotros mismos limitemos nuestras potencialidades deformando la realidad y reinventando el ser humano, convirtiéndolo en un ser extraño y ajeno, alejado de su esencia, ése es un error contra el que cada uno de nosotros tenemos que luchar.
Mar 11 may 2010
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11 de mayo de 2010.
Hace una semana que llegué al año 2010. Concretamente, el 3 de mayo a las 12:53. Hasta hoy no he podido escribir nada, ya que el periodo de adaptación que se necesita tras haber viajado 137 años en el tiempo inhabilita para poder realizar cualquier actividad durante varios días.
Hoy comienzo este diario en el que informaré de los avances en mi misión, la cual a continuación describo textualmente (7D36J10):
Año 2147.
La población occidental sufre en un 92% alguna modalidad de depresión.
La primera causa de mortalidad es el suicidio.
La esperanza de vida ha descendido de los 130 años, que disfrutábamos a finales del siglo pasado, a los 67 años.
Ante esta preocupante situación, enviamos en misión especial a la psicóloga, la Dra. Fun al año 2010, mucho antes de que la pandemia comenzara, para que nos pueda ayudar a dilucidar las causas que han llevado a esta catastrófica situación y para, de este modo, tomar las medidas oportunas.
Mañana comenzaré mi investigación.
Espero tener pronto datos para el primer informe.