Pero, ¡qué solos estamos!

Es por ello que si conseguimos conocernos a nosotros mismos, amarnos y comprendernos, y vivir así con serenidad todos los momentos de la vida en los que nos toca vivir solos, nos convertiremos en seres más tranquilos, seres sin miedo a los fantasmas, seres dispuestos a ir más allá de nosotros mismos.

Pero, ¡qué solos estamos!

Es por ello que si encontramos una sola persona a la que amar, que nos ame, que nos comprenda en un sentido profundo e intenso, nos convertiremos en seres tremendamente afortunados, seres que están menos solos en este mundo, menos perdidos y más felices en definitiva. Y qué inmensa la felicidad de aquel que encuentra no una persona sino dos.

Pero, ¡qué solos estamos!

Es por ello que si conseguimos superar en cierta medida nuestro inherente egoísmo a través de un amor inmenso e incondicional por otra persona, a través de la generosidad y el altruismo que denotan el dar sin esperar nada a cambio, a través de este tipo amor tan especial, aunque sea a una sola persona, también lograremos así estar y sentirnos menos solos.

Y sin embargo, ¡qué solos estamos!