No nos gustan los problemas, especialmente los de los demás. Las personas huimos como de la peste de todo lo que huela a preocupación o disgusto, de manera que al preguntar a alguien más o menos lejano “¿Qué tal estás?!”, lo último que esperamos es que nos contesten realmente cómo están si es que no se encuentran demasiado bien…

Hasta aquí todo bien. El problema aparece cuando nuestro hermano, hermana, nuestros padres o un buen amigo actúa de igual modo huyendo de nosotros sin mirar atrás… Observar con nitidez que cuando al contarle a nuestra mejor amiga alguna pequeña o gran preocupación, ésta huye de nuestros problemas y nos suelta aquello de “Pero lo demás bien, ¿no?”, es un duro golpe del que es necesario recuperarse.  “Sí, sí. Estoy en el hospital con 17 huesos de mi cuerpo rotos, mañana me operan y no sé cómo quedaré, pero lo demás bien.”