Dirán ustedes que soy muy torpe, pero a la mañana me pasa muy a menudo que estoy tan ricamente bebiendo mi café solo (y cuando digo solo, quiero decir “solo”, sin cruasant, sin pastas, sin azúcar siquiera), leyendo los periódicos y, de repente, llego a una noticia que, por la razón que sea, me sorprende y acabo ahogándome, tosiendo, y sufriendo un susto doble: por la noticia y por el ahogo.
A veces, muchas veces, la noticia es desagradable, indignante, desapacible…
Pero, a veces, las menos, la noticia resulta esperanzadora. De vez en cuando les iré relatando mis torpezas con el café y sus motivos.
Hoy empezaré por lo positivo, como se recomienda, pero no sé como terminaré…

Un juez declara nulo el despido de una empleada del hogar por estar embarazada
Ayer, mientras se me atragantaba el café, pensaba, tras el ahogo, que es realmente agradable tal nota disonante aunque produzca un pequeño apuro.
Pero, después, acto seguido, me he puesto a pensar en las empleadas del hogar que conozco, y me he dado cuenta de que ninguna de ellas tiene contrato. Siendo esto así, quizá deberíamos empezar por el principio.
¿Y cuál es el principio?
Para conocer el principio, he decidido escribir una lista recogiendo algunas situaciones de desamparo de las mujeres en el mundo laboral. Pero, me he sentido tan agobiada ante una lista infinita, tan estresada, que tras acabar la tinta de tres bolígrafos bic, finalmente, he decidido ceñirme al grupo de las embarazadas (ya habrá tiempo para todo), y he escrito una lista de las situaciones habituales de desprotección en las que se puede encontrar una mujer embarazada.
Disculpen si no soy lo suficientemente exhaustiva, pero por lo visto a partir del número 3 ó 4, nuestra capacidad para procesar la información se ve muy limitada por lo que intentaré aplicar aquello de “menos es más” (no se preocupen o preocúpense, según se mire, porque hay Pepita Grilla feminista para rato):
Caso nº 1. La embarazada parada que no cobra paro.
Si bien es cierto que la Sra. Chacón comenzó un nuevo trabajo en avanzado estado de buena esperanza, de lo cual me congratulo, esto NUNCA, NUNCA sucede.
Imagínense a la Sra. Chacón en una entrevista para optar a un puesto en la red de hipermercados Eroski. Si no consiguen imaginárselo es porque, sencillamente, nunca existió tal caso.
Caso nº 2. La embarazada que trabaja pero que no tiene contrato laboral.
Como dice el dicho “Ancha es Castilla”. El empleador es libre para hacer y deshacer como le plazca. Con total seguridad dejará de cobrar los meses durante los que no pueda desempeñar sus funciones y, en el mejor de los casos, la volverá a emplear cuando la mujer, ya madre, pueda volver a trabajar.
Lo más interesante del asunto es que el empleador al mirarse al espejo se verá magnánimo y benevolente, y la mujer, se sentirá eternamente agradecida. Así de perverso es el mundo laboral para “los sin derechos”.
Caso nº 3. La embarazada parada que cobra paro.
Esta mujer se encuentra en mejores circunstancias que la del caso nº 1, ya que cobra el paro, pero en las entrevistas tiene las mismas oportunidades que aquella. Si tiene pocos meses de paro pronto se encontrará en el caso nº 1.
Caso nº 4. La embarazada que tiene un contrato temporal.
¿Se imaginan que le sucederá a la mujer embarazada de 7 meses (como la Sra. Chacón) a la que se le acaba el contrato? ¿Le renovarán?, ¿no le renovarán? ¡¡¡Qué incertidumbre, qué tensión!!! ¿Le renovarán si su trabajo ha sido eficaz, es competente y su puesto sigue siendo necesario?
Como ven, hay mucha probabilidad de que pase a ser un caso nº 1 ó 3.
Pinta mal, pinta mal. Ya ven lo difícil que resulta estar embarazada sin quedarse al mismo tiempo desamparada en el mundo laboral.
Pero no todo está perdido. Todavía me queda poder atragantarme con noticias como esta.