Ayer se me atragantó el café con…


Siempre he tenido la sospecha de que existe una elevada correlación entre el deseo de poder y el deseo de abusar de él. Es por ello que, por norma general, desconfío del que llega lejos, especialmente en determinados ámbitos en los que se centraliza el poder por excelencia.

Me resulta muy difícil imaginarme, por ejemplo, a un presidente estadounidense honrado, respetuoso o generoso, sea negro, mujer o incluso no estadounidense. Y sin llegar a tales ejemplos de poder casi absoluto, puedo extraer de mi día a día ejemplos que muestran cómo algunos rasgos tales como la capacidad de manipulación, la maldad y la envidia, son características altamente valiosas para ascender en los puestos de poder, sean estos cuales sean.

Reconozco que he conocido a alguna rara avis, pero incluso en los ámbitos más carentes de poder en los que simplemente se proporciona algún incentivo económico o de estatus, como por ejemplo el mundo del ajedrez, aquel que se erige jefe, presidente, director, etc., suele ser una persona más bien miserable y mezquina, mentirosa y bastante mangante.

Pero esto que os muestro aquí… incluso para una descreída como yo, esto hace que una se atragante con el café, con la tostada y hasta con el agua. No por el hecho de que suceda. Después de lo que he dicho no es para escandalizarse. Pero esa falta de vergüenza…

Imagen de previsualización de YouTube

Leemos atónitos en la prensa las declaraciones de Guillermo Chicote, presidente de la Asociación de Promotores y Constructores españoles:
“Que nadie espere que el precio de la vivienda baje un 30% ó un 40% porque, antes de eso, se lo regalaré al banco”.

Imagen de previsualización de YouTube
Es tal la agresividad que despierta en mí este comentario que ni el yoga ni la meditación logra calmarme.
Yo no soy creyente pero creo que hay diablos disfrazados de personas que se pasean por las altas esferas, personas que están por encima del bien y del mal, que tan solo se preocupan de sus intereses y que han perdido toda capacidad de compasión y empatía, o que quizá simplemente nunca la desarrollaron.
Fantaseo imaginando al Sr. Chicote en la calle, sin techo, en las duras noches de invierno. Fantaseo con una historia dura de penurias y desahucios. Fantaseo y le deseo las experiencias necesarias para poder tener una mínima sensibilidad que le permita darse cuenta de que lo que ha ocurrido en España con la subida de la vivienda es una desgracia, y que cualquiera que se aproveche, se jacte y se haga adicto al dinero fácil fruto de las subidas desmesuradas es un desalmado.
Me resulta difícil odiar a personas que no conozco, pero estas declaraciones han conectado con lo más profundo de mí.
Mis peores deseos para él, que son en realidad los mejores para todos.

Dirán ustedes que soy muy torpe, pero a la mañana me pasa muy a menudo que estoy tan ricamente bebiendo mi café solo (y cuando digo solo, quiero decir “solo”, sin cruasant, sin pastas, sin azúcar siquiera), leyendo los periódicos y, de repente, llego a una noticia que, por la razón que sea, me sorprende y acabo ahogándome, tosiendo, y sufriendo un susto doble: por la noticia y por el ahogo.
A veces, muchas veces, la noticia es desagradable, indignante, desapacible…
Pero, a veces, las menos, la noticia resulta esperanzadora. De vez en cuando les iré relatando mis torpezas con el café y sus motivos.
Hoy empezaré por lo positivo, como se recomienda, pero no sé como terminaré…

Imagen de previsualización de YouTube
Un juez declara nulo el despido de una empleada del hogar por estar embarazada

Ayer, mientras se me atragantaba el café, pensaba, tras el ahogo, que es realmente agradable tal nota disonante aunque produzca un pequeño apuro.
Pero, después, acto seguido, me he puesto a pensar en las empleadas del hogar que conozco, y me he dado cuenta de que ninguna de ellas tiene contrato. Siendo esto así, quizá deberíamos empezar por el principio.

¿Y cuál es el principio?

Para conocer el principio, he decidido escribir una lista recogiendo algunas situaciones de desamparo de las mujeres en el mundo laboral. Pero, me he sentido tan agobiada ante una lista infinita, tan estresada, que tras acabar la tinta de tres bolígrafos bic, finalmente, he decidido ceñirme al grupo de las embarazadas (ya habrá tiempo para todo), y he escrito una lista de las situaciones habituales de desprotección en las que se puede encontrar una mujer embarazada.

Disculpen si no soy lo suficientemente exhaustiva, pero por lo visto a partir del número 3 ó 4, nuestra capacidad para procesar la información se ve muy limitada por lo que intentaré aplicar aquello de “menos es más” (no se preocupen o preocúpense, según se mire, porque hay Pepita Grilla feminista para rato):

Caso nº 1. La embarazada parada que no cobra paro.

Si bien es cierto que la Sra. Chacón comenzó un nuevo trabajo en avanzado estado de buena esperanza, de lo cual me congratulo, esto NUNCA, NUNCA sucede.
Imagínense a la Sra. Chacón en una entrevista para optar a un puesto en la red de hipermercados Eroski. Si no consiguen imaginárselo es porque, sencillamente, nunca existió tal caso.

Caso nº 2. La embarazada que trabaja pero que no tiene contrato laboral.

Como dice el dicho “Ancha es Castilla”. El empleador es libre para hacer y deshacer como le plazca. Con total seguridad dejará de cobrar los meses durante los que no pueda desempeñar sus funciones y, en el mejor de los casos, la volverá a emplear cuando la mujer, ya madre, pueda volver a trabajar.
Lo más interesante del asunto es que el empleador al mirarse al espejo se verá magnánimo y benevolente, y la mujer, se sentirá eternamente agradecida. Así de perverso es el mundo laboral para “los sin derechos”.

Caso nº 3. La embarazada parada que cobra paro.

Esta mujer se encuentra en mejores circunstancias que la del caso nº 1, ya que cobra el paro, pero en las entrevistas tiene las mismas oportunidades que aquella. Si tiene pocos meses de paro pronto se encontrará en el caso nº 1.

Caso nº 4. La embarazada que tiene un contrato temporal.

¿Se imaginan que le sucederá a la mujer embarazada de 7 meses (como la Sra. Chacón) a la que se le acaba el contrato? ¿Le renovarán?, ¿no le renovarán? ¡¡¡Qué incertidumbre, qué tensión!!! ¿Le renovarán si su trabajo ha sido eficaz, es competente y su puesto sigue siendo necesario?
Como ven, hay mucha probabilidad de que pase a ser un caso nº 1 ó 3.

Pinta mal, pinta mal. Ya ven lo difícil que resulta estar embarazada sin quedarse al mismo tiempo desamparada en el mundo laboral.

Pero no todo está perdido. Todavía me queda poder atragantarme con noticias como esta.

« Página anterior