Fauna universitaria


De vez en cuando nos encontramos con personas que nos enseñan algo sobre la vida.

A algunos les cuesta toda una vida aprender que el miedo es lo contrario a la felicidad. Otros necesitamos una vida entera para, siquiera, empezar a aprenderlo. Y, sin embargo, unos pocos privilegiados tienen la suficiente madurez y lucidez como para disfrutar apasionadamente de la vida, sabios y amantes al mismo tiempo.

Espero que disfrutéis tanto como yo conociendo a Albert Casals. .

Hace unos días asistí a la lectura de tesis de una amiga. Ya había asistido a varias, pero el vivirlo tan de cerca, conocer el protocolo, toda la parafernalia y padecerlo con mi amiga ha sido toda una experiencia.
Para los que no estén familiarizados con la materia, en primer lugar deben saber que la lectura de una tesis suele ser la culminación de un trabajo de investigación de no menos de 4 años, que habilita para desarrollar la carrera universitaria, es decir, para ser profesor en la universidad.
Pero hay letra pequeña, mucha letra pequeña.
Una cosa es la tarea laboriosa de la tesis doctoral, y otra cosa el espectáculo, muchas veces bochornoso, a través del que se evalúa y se aprueba la tesis.
Dicho espectáculo puede resultar de gran interés desde el punto de vista antropológico e incluso etológico: los rituales, la vestimenta, las danzas pomposas de los miembros del tribunal a través de palabras que bien podrían asemejarse a las gotas de orina del gato que marca el territorio, las conductas de sumisión-dominancia, etc.
Un pequeño detalle: el doctorando o la doctoranda se ve obligado/a a pagar una comida en un restaurante de cierto caché a los miembros del tribunal tras la lectura de la tesis; poco importa si el doctorando en cuestión está en paro o sufre del empleo precario del que tanto adolece nuestra querida universidad; tampoco importa que los miembros del tribunal sean catedráticos con sueldos mensuales que superan con creces todos los ahorros del doctorando. Es una ley no escrita.
La lectura transcurre en un contexto de absoluta formalidad en el que en ocasiones se ve al rey desnudo, es decir, a los catedráticos lanzando críticas mordaces tras las que se esconde una lectura superficial de la tesis o, peor aún, una ausencia de lectura y de conocimiento por tanto de lo que están hablando. Todos se hablan de usted, los miembros critican duramente como una manera de dejar claro quién la tiene más larga, el doctorando va encajando los golpes y sometiéndose confirmando que, efectivamente, la tiene muy pequeña.
Después, todos a comer, ya se hablan de tú, le sablean al ex doctorando y algunos hasta se permiten risas y bromas a costa del novato, porque hay algunos que siempre parecen tenerla más larga.
Y al final, cuando ya se van los miembros, y se queda el doctorando, ya doctor, a solas consigo mismo, siente una sensación extraña y absurda al mismo tiempo, alegría y tristeza, satisfacción e inquietud. Mira al mañana y ve que ser doctor no le exime de trabajar por cuatro duros. Maravillosa UPV. Bendita UPV.

El depredador habita en la universidad. Camina con paso firme, acompañado de su séquito: algunos becarios ingenuos y otros que aspiran a ser futuros depredadores, y profesores cobardes que se arriman a la sombra del árbol que más calienta.

El depredador suele ser una persona con un gran éxito profesional: un investigador de prestigio que posee un currículum extenso y prolijo, y que es respetado por todos aquellos que no le conocen; y, no obstante, temido, envidiado y repudiado por aquellos que le conocen.

Me sorprende ver la cantidad de inútiles que consiguen hacerse con el poder suficiente como para abusar de él y convertirse así en depredadores. Éstos fueron, en muchas ocasiones, los más tontos de nuestra clase; estúpidos, maliciosos, acomplejados que eran y son incapaces de mantener relaciones íntimas saludables y que, sin embargo, se mueven como serpientes venenosas en las redes sociales del ámbito laboral.
Para mi desgracia, me ha tocado conocer a varios depredadores universitarios.

Recuerdo a una de las peores personas que han pasado por mi vida. Un depredador que se caracterizaba por realizar comentarios machistas y salidos amén de tocar el culo a algunas de sus becarias.

Recuerdo a otro depredador amenazando con el puesto de trabajo a una profesora recién llegada para que se sometiese a los deseos de otra depredadora.

Recuerdo depredadores que, aprovechándose de un mundo sin normas transparentes donde ellos deciden quién se queda y quién se va, han coaccionado a buenos chicos responsables para que trabajasen sin descanso: 36 horas sin dormir, por ejemplo; o a los que llamaban por la noche, en fin de semana, buenos chicos que trabajaban sin cobrar o incluso que eran coartados de tal forma que llegaban a pagar por trabajar.

Así es la universidad de hoy en día y todo está dispuesto para que así siga siendo. Si  aún así, te acercas y empiezas a trabajar en ella asegúrate de que no te esté acechando un depredador.

Hace ya algún tiempo que siento necesidad de hablar del mundo de la universidad que, por azares de la vida, me ha tocado conocer. Son tantas ideas las que se agolpan en mi mente, que me cuesta plasmarlas en el papel. En repetidas ocasiones he comenzado a escribir letras que no decían nada pretendiendo decirlo todo, las cuales han acabado en alguna papelera virtual o material.

Hoy por fin me atrevo a comenzar un retrato conformado por palabras a través de distintas entregas que denominaré “Fauna universitaria“.

Os hablaré de los animales más temibles que se encuentran en la parte superior de la pirámide, y de las formas que tienen de marcar el territorio.

Os hablaré de investigadores que trabajan en la universidad sin contrato y a veces sin ningún tipo de remuneración económica.

Os hablaré del significado real que tiene el término “beca” en este hábitat salvaje.

Os hablaré de los míseros sueldos de profesores sustitutos a tiempo parcial y de otros profesores de 3ª clase que no llegan a mileuristas.

Os hablaré de la discriminación por edad y de lo jodidos que estamos los jóvenes en este mundo.

Os hablaré del continuo juez y parte tan característico de la universidad, siempre acompañado de una percepción de absoluta impunidad.

Os hablaré de algunos abusos de poder muy serios que podrían ser denunciados y que, sin embargo, son aceptados y apoyados por la mayoría.

Y también os hablaré de raras avis que, entre toda esta pestilencia, florecen y luchan contra todo este engranaje, sufriendo el desprecio, a veces el acoso, la humillación o la marginación. Personas con principios que se respetan a sí mismas tanto como a las demás.

Buenas noches.