Jue 16 feb 2012
Sucede de forma más o menos frecuente que un profesor de universidad se empareja con una de sus alumnas, un hecho que siempre me ha llamado la atención. Son varios los casos que conozco personalmente, pero no con tanta profundidad y confianza como para saciar mi curiosidad y preguntarles: ¿cómo pasó?, ¿en qué momento se pasa de la relación formal al flirteo?, ¿cómo sucede, cuáles son las señales? Y esto es sólo lo que nos llega: información sobre aquellas parejas que se consolidan y lo hacen público. Pero supongo que no representan más que la punta del iceberg… Mi parte cotilla me lleva a pensar en todo aquello que sucede y de lo que no tenemos noticia, todo aquello que ocurre a puerta cerrada, en privado, con el único conocimiento de los implicados…
Entre los casos que conozco destacan dos que recuerdan a los actores de Hollywood. Esos actores que fueron todo un símbolo sexual en su juventud, hoy septuagenarios, y que, sin embargo, siguen siendo capaces de atraer al catre o al altar a mujeres jóvenes y atractivas. Estos dos profesores, como los actores citados, son hoy septuagenarios que hace algunos años se casaron con mujeres muy atractivas físicamente, las cuales rondan hoy los 40; hagan ustedes la cuenta. Como los actores del celuloide más deseados, estos profesores tan viejos, no son unos profesores cualesquiera: se trata de profesores de fama internacional en Psicología, investigadores de reconocido prestigio.
El amor no tiene edad. Puede que no tenga edad, pero tiene otras cosas. No es casualidad que esta diferencia de edad se suela dar en una sola dirección; es decir, no conozco ningún caso de profesora de universidad septuagenaria con hombre atractivo de 40. Además, estos hombres, que a pesar de su edad consiguen atraer a tales mujeres, no son hombres mediocres: fama, prestigio, poder, dinero… una o varias de estas condiciones suelen confluir en tales personajes. No suele suceder que un reponedor de hipermercado o un mecánico de coches atraigan a clientas a las que llevan 40 años… En fin, todo es mucho menos romántico de lo que puede parecer. Y, sin embargo, estoy convencida, por lo que conozco, de que con frecuencia, una vez que sucede el enamoramiento motivado en gran medida por el reclamo: dinero, fama, etc., este último pierde importancia para bien o para mal de los amantes.



