Personas excepcionales


Solo hay un tipo de personas que me revienta más que las que no se arrepienten de nada: las super-sinceras. Esas personas que no tienen reparo en ser ordinarias, groseras e incluso estúpidas, tras la excusa de una total sinceridad. Sinceridad para decir todo lo que se les pasa por la cabeza, sinceridad para decirte lo fea que estás, lo pedante que eres o lo mucho que has envejecido.

Un pequeño detalle: habitualmente exaltan su sinceridad durante un golpe seco, tras haberte soltado alguna barbaridad que te deja traspuesto, rara vez cuando hacen algún halago…

Hay personas que nunca pierden la belleza y la elegancia. Personas que están más allá, personas a las que lo que a otros nos hace estar hechos unos zorros a ellos apenas si les trastoca la imagen.

Al hablar de la elegancia me acuerdo de Ainhoa. Una compañera del instituto que se mantenía impecable aun en las condiciones más desfavorecedoras, como en un bus litera tras días sin opción a ducharse.

Ya lo más extremo fue encontrarla una noche de farra, totalmente beoda, perdida, sin saber dónde estaba su cuadrilla. Incluso en esos momentos, borracha, dando tumbos, meando entre dos coches, Ainhoa, aunque un tanto desmejorada, cómo no, seguía manteniendo cierto estilo.