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	<title>El blog de Pepita Grilla</title>
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	<description>El blog de Pepita Grilla</description>
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		<title>¡Ya queda menos para el pincho!</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Feb 2012 10:01:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pepita grilla</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ayer caminaba por las frías calles de mi pueblo, un día cualquiera de enero, de un año que recordaremos de manera especial. Un año sin grapadoras, un año sin tinta de impresora, un año sin jabón, un año de dificultades para tantos, muchos de ellos muy próximos o incluso nosotros mismos. En este extraño paseo, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ayer caminaba por las frías calles de mi pueblo, un día cualquiera de enero, de un año que recordaremos de manera especial. Un año sin grapadoras, un año sin tinta de impresora, un año sin jabón, un año de dificultades para tantos, muchos de ellos muy próximos o incluso nosotros mismos.</p>
<p>En este extraño paseo, extraño por lo de las gélidas temperaturas, me he sorprendido al ver un grupo poco numeroso de personas, en su mayoría hombres, manifestándose por las calles, personas en paro que se unen para protestar en una mañana fría de invierno. Aunque eran muy pocos, me ha llamado la atención. Así como resulta más sencillo movilizarse por otros motivos, a pesar de la gravedad de las razones que les llevan a salir a la calle, en pocos lugares sucede que las personas en paro se unan y tengan conciencia de grupo, para alivio de nuestros mandatarios.</p>
<p>El paseo, que en realidad no era tal, me ha llevado hasta el ayuntamiento, en el que me he dispuesto a pedir un certificado de empadronamiento. Había cola, por lo que he tenido que esperar un rato. No me ha importado, no tenía prisa. Así, me he dedicado a observar a mis compañeros de espera: miradas tristes y frías, ¡las mismas miradas que había visto en la manifestación hacía unos minutos! El hombre del mostrador se mostraba tranquilo, confiado. Lo conozco de vista desde hace muchos años, y me ha expedido numerosos certificados de empadronamiento. En un momento, se ha acercado a su lado otro trabajador del ayuntamiento a sacar unas fotocopias y es entonces cuando le ha dicho de manera despreocupada, jocosa eso de: &#8220;¡Ya queda menos para el pincho!&#8221; Ajeno a las personas que tenía enfrente. Ajeno al mundo que le rodea. Alimentando, seguramente sin ser consciente de ello, los estereotipos de los funcionarios que les describen como vagos y ociosos. Y entonces he pensado lo afortunada que soy por trabajar en algo que más o menos me gusta, por tener un trabajo con un horario flexible, por poder vivir de ello. No soy funcionaria, ni tengo un trabajo indefinido, y tampoco tengo un gran sueldo, pero aún así me considero una afortunada. Y me ha dado por pensar cuántos y cuántos no valoran las bondades de su trabajo. Quizá me equivoque con el protagonista de esta historia. Todo trabajador tiene derecho a su descanso y a su pincho si así le place, pero esta experiencia ha conectado con esta idea; la idea de que muchas personas de cierta edad que consiguieron su plaza hace varios lustros, son hoy demasiado estúpidas para saber la suerte que tienen, son hoy demasiado estúpidas para mirar al que tienen enfrente&#8230;</p>
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		<title>Más recortes en la universidad</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Jan 2012 11:23:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pepita grilla</dc:creator>
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		<description><![CDATA[]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.enterat.com/blogs/autores/pepita-grilla/wp-content/uploads/2012/01/ddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddd.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-3337" title="ddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddd" src="http://www.enterat.com/blogs/autores/pepita-grilla/wp-content/uploads/2012/01/ddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddd.jpg" alt="" width="600" height="450" /></a></p>
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		<title>Ser madre, 14 meses después</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Jan 2012 21:15:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pepita grilla</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ser madre. Un día descubres que si todo va bien, que es lo más probable, serás madre. Ya está todo el engranaje en marcha. Un ser apenas visible al ojo. Un ser humano en camino. Los primeros meses del embarazo vives la ilusión, la alegría. Pero todo ello como algo todavía irreal, mágico, invisible. Y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ser madre. Un día descubres que si todo va bien, que es lo más probable, serás madre. Ya está todo el engranaje en marcha. Un ser apenas visible al ojo. Un ser humano en camino.</p>
<p>Los primeros meses del embarazo vives la ilusión, la alegría. Pero todo ello como algo todavía irreal, mágico, invisible. Y es cuando empiezas a sentirlo, hacia los cinco meses, cuando todo cambia y se vuelve real. Ilusión, alegría, pero todo real; sigue habiendo magia pero de la visible, de la perceptible.</p>
<p>Los últimos meses lo sientes a diario, casi en cada momento. Por primera vez en la vida, dejas de sentirte sola. Ya no eres una, hay un ser dentro de ti que ya percibe, que ya siente, que ya vive. Sientes continuamente una sonrisa en tu interior. Una tranquilidad infinita, supongo que es felicidad.</p>
<p>Y después llega el momento crucial. Te partes en dos. Algo totalmente psicótico. Ganas y pierdes. Ganas un niño, un hijo, independiente, fuera de ti. Pierdes dejar de ser dos, esa compañía constante. Pero así como ganas de golpe, bruscamente, la pérdida es paulatina: aunque te has separado físicamente de tu bebé, emocionalmente aún seguís formando un todo.</p>
<p>Al principio te sientes sobrepasada, inundada por un fuerte sentimiento con raíces en el instinto. Un apego inmediato y a veces angustioso. No le conoces, no te conoce, pero no puedes alejarte de él, ¿cómo es posible quererle tanto de repente? Es cierto que no es de repente, está el embarazo, pero no podría explicar ni entender lo que sentí sin hacer alusión a una poderosa fuerza natural.</p>
<p>Después, llegan miles de experiencias. Os conocéis. Y os amáis. No importa quién eres tú, la madre, cómo eres. No importa quién es el bebé, cómo es él o ella. El fuerte sentimiento inicial irracional y profundo va evolucionando hacia un sentimiento complejo repleto de experiencias de cariño, amor, unión&#8230; Tienes una necesidad brutal de proteger y hacer feliz a tu hijo. Sientes un miedo atroz a que le pueda pasar algo. Y también muchísimo miedo de que te pase algo a ti y de no estar ahí para protegerlo. Piensas en tu muerte y lo primero que sientes es un dolor infinito por abandonarle y una culpa irracional por dicho abandono.</p>
<p>Así es para mí ser madre, 14 meses después.</p>
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		<title>¿Se puede cantar?</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Dec 2011 20:31:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pepita grilla</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hoy, como cada día, Sonia se ha levantado a las 7:30 para ir a trabajar. Como cada día desde hace varios años. Como cada día en el que tomó la decisión equivocada de alquilar un local en el centro comercial de su pueblo. Un centro comercial sentenciado a muerte desde su inicio. Un centro comercial [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.enterat.com/blogs/autores/pepita-grilla/wp-content/uploads/2011/12/olentzero.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-3268" title="olentzero" src="http://www.enterat.com/blogs/autores/pepita-grilla/wp-content/uploads/2011/12/olentzero.jpg" alt="" width="272" height="185" /></a></p>
<p>Hoy, como cada día, Sonia se ha levantado a las 7:30 para ir a trabajar. Como cada día desde hace varios años. Como cada día en el que tomó la decisión equivocada de alquilar un local en el centro comercial de su pueblo. Un centro comercial sentenciado a muerte desde su inicio. Un centro comercial que nunca le ofreció un sueldo digno. Y ahora, con innumerables facturas que pagar, con una caja negativa día tras día, lejos del sueldo indigno del inicio, debe tomar la decisión de abandonar. Bajar la persiana. Dejar de acumular deudas. Ya está decidido. El 31 de enero se acabará todo y comenzará otra odisea. La de encontrar otro trabajo.</p>
<p>Ajenos a todas sus preocupaciones, ajenos al insomnio de Sonia por no saber cómo salir de ésta&#8230; hoy, maldito 24 de diciembre, acuden los niños a su tienda, en hordas, a cantar. <em>Olentzero</em>, <em>Hator hator</em>, <em>Alaken</em>&#8230; una y otra vez se asoman y preguntan: &#8220;¿Se puede cantar?&#8221;, y ella les dice que sí y les da algo de dinero. Cada diez minutos viene un grupito. Algunos le ponen empeño e ilusión, mientras que otros cantan una única canción con desgana y acto seguido, con mucha cara dura para tan pequeña estatura, acercan la <em>txapela</em>.</p>
<p>Cuando menos lo esperaba, harta de tanto <em>baserritarra </em>diminuto pedigüeño, llega su hijo con sus amiguitos de la <em>gela </em>y le dice: &#8220;<em>Ama</em>, ¿podemos cantar?</p>
<p>Y al despedirse le dice emocionado: &#8220;¡Hemos ganado ya 30 euros!&#8221; Mucho más de lo que ella espera sacar en un buen día. Bendita ignorancia.</p>
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		<title>¿Cuánto vale un euro?</title>
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		<pubDate>Sat, 10 Dec 2011 00:17:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pepita grilla</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Nueve de cada diez personas ya no recuerda a cuántas pesetas equivale un euro. Y no vale eso de 166 y pico. El pico es importante. Por ese pico muchos no lo han llegado a contar. Y mira ahora donde estamos. Si todo el mundo supiera cuántas pesetas son un euro otro gallo cantaría, otro [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.enterat.com/blogs/autores/pepita-grilla/wp-content/uploads/2011/12/fffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffff.jpg"><img class="size-medium wp-image-3237 alignleft" title="fffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffff" src="http://www.enterat.com/blogs/autores/pepita-grilla/wp-content/uploads/2011/12/fffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffff-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Nueve de cada diez personas ya no recuerda a cuántas pesetas equivale un euro. Y no vale eso de 166 y pico. El pico es importante. Por ese pico muchos no lo han llegado a contar. Y mira ahora donde estamos.</p>
<p>Si todo el mundo supiera cuántas pesetas son un euro otro gallo cantaría, otro pico. No estaríamos donde estamos ahora.</p>
<p>Casi diez años y nos hemos quedado sin memoria. Nos hemos olvidado de nuestro pasado.</p>
<p>Cada vez se oye menos aquello de &#8220;antes con 100 pesetas&#8230; ¡ay, lo que hacía yo antes con 100 pesetas&#8230;!&#8221;. Porque ya no hacemos nada.</p>
<p>Pues bien, esta entrada va por esos nueve de cada diez. Va por esos desmemoriados. 1 euro equivale a 166,386 pesetas. Y que no se le ocurra a nadie decir aquella sandez de &#8220;antiguas&#8221; pesetas, que me enervo y escribo otra entrada maldiciéndoles.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Más allá de las grapadoras</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Nov 2011 21:20:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pepita grilla</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[Qué mundo tan absurdo el de la administración pública&#8230; Doy clases en un edificio destinado a la docencia de todos los estudios universitarios, denominado comúnmente Aulario; y tengo la suerte, o la desgracia, de tener ubicada mi clase en la parte del edificio expuesta al sol. Incluso en noviembre y con unas temperaturas más o [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.enterat.com/blogs/autores/pepita-grilla/wp-content/uploads/2011/11/Imagen0087.jpg"><img class="size-medium wp-image-3218 alignleft" title="Imagen0087" src="http://www.enterat.com/blogs/autores/pepita-grilla/wp-content/uploads/2011/11/Imagen0087-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Qué mundo tan absurdo el de la administración pública&#8230;</p>
<p>Doy clases en un edificio destinado a la docencia de todos los estudios universitarios, denominado comúnmente Aulario; y tengo la suerte, o la desgracia, de tener ubicada mi clase en la parte del edificio expuesta al sol. Incluso en noviembre y con unas temperaturas más o menos frescas, es increíble la forma en que sube la temperatura en un aula con 70 alumnos en un día soleado.</p>
<p>Pues bien, en esta época de crisis, de recortes, en esta época de <a href="http://www.enterat.com/blogs/autores/pepita-grilla/" target="_blank">grapadoras de segunda o tercera mano</a>, las calefacciones funcionan a toda máquina, sin que podamos, alumnos o profesores, hacer nada por evitarlo, ya que el funcionamiento de dichas calefacciones está centralizado, y no tenemos manera de regularlas desde el interior de las aulas.</p>
<p>En esta época de austeridad económica, en estos días en los que ya no puedo imprimir en color por falta de presupuesto, las calefacciones, ajenas a todo apuro, irradian calor hasta el sofoco, de manera que para soportarlo nos vemos obligados a abrir puertas y ventanas, a fin de soportar el agobiante calor de noviembre.</p>
<p>Qué mundo tan absurdo el de la administración pública&#8230;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>El valor de una grapadora</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Nov 2011 11:53:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pepita grilla</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace unos días estando en el despacho organizando mis papeles se me estropeó la grapadora. Un hecho nimio, aparentemente. Yo sabía desde hace tiempo que las cosas no están bien en la universidad y, por ende, tampoco en el departamento. Hace algunos meses sin previo aviso, sin medidas cautelares, sin ningún gesto que pudiera anticiparlo, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.enterat.com/blogs/autores/pepita-grilla/wp-content/uploads/2011/11/images.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-3187" title="images" src="http://www.enterat.com/blogs/autores/pepita-grilla/wp-content/uploads/2011/11/images.jpg" alt="" width="259" height="194" /></a></p>
<p>Hace unos días estando en el despacho organizando mis papeles se me estropeó la grapadora. Un hecho nimio, aparentemente.</p>
<p>Yo sabía desde hace tiempo que las cosas no están bien en la universidad y, por ende, tampoco en el departamento.</p>
<p>Hace algunos meses sin previo aviso, sin medidas cautelares, sin ningún gesto que pudiera anticiparlo, retuvieron todo el dinero de los departamentos. Sin un solo céntimo se quedó el nuestro. Como el resto, ni más ni menos.</p>
<p>Y aún así, en este contexto, no me imaginé lo que suponía que se estropeara mi grapadora.</p>
<p>Aunque sé que desde nuestro departamento han pedido 2000 euros de forma extraordinaria para así poder hacer frente a los gastos ineludibles de consumo de impresoras, fotocopiadora, etc., no me lo podía imaginar.</p>
<p>Una no se imagina, por mucho que sepa que las cuentas están en números rojos, una no cree que trabajando en una universidad pública, pueda sucederle que se le estropee la grapadora y que le digan que, sencillamente, no hay dinero para comprar una nueva.</p>
<p>Una no está preparada para algo así. Después de ver muchas veces tanto despilfarro, tanto caradura, tanta insensatez.</p>
<p>Pero ahí estaba yo con la grapadora en la mano y sin poder grapar. Escuchando atónita a la secretaria del departamento, que me decía que había otras tres grapadoras estropeadas que enviarían a arreglar. Y que ya me diría algo.</p>
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		<title>Mis emociones&#8230; la angustia</title>
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		<pubDate>Mon, 31 Oct 2011 22:04:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pepita grilla</dc:creator>
				<category><![CDATA[Mis emociones favoritas]]></category>

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		<description><![CDATA[Intentaba concentrarme en la respiración, tal y como me habían enseñado en esos audios de relajación. Pero no era una tarea sencilla. Pensamientos y emociones golpeaban mi mente sin cesar, cambiantes, intensos, estridentes. No es fácil concentrarse en la respiración cuando hay tanto ruido en la cabeza&#8230; Notaba cómo el calor inundaba mi rostro cuando [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><a href="http://www.enterat.com/blogs/autores/pepita-grilla/wp-content/uploads/2011/10/Dibujo.jpg"></a><a href="http://www.enterat.com/blogs/autores/pepita-grilla/wp-content/uploads/2011/10/angustia1.jpg"><img class="size-medium wp-image-3134  aligncenter" title="angustia" src="http://www.enterat.com/blogs/autores/pepita-grilla/wp-content/uploads/2011/10/angustia1-300x211.jpg" alt="" width="300" height="211" /></a><br />
Intentaba concentrarme en la respiración, tal y como me habían enseñado en esos audios de relajación. Pero no era una tarea sencilla. Pensamientos y emociones golpeaban mi mente sin cesar, cambiantes, intensos, estridentes. No es fácil concentrarse en la respiración cuando hay tanto ruido en la cabeza&#8230;</p>
<p>Notaba cómo el calor inundaba mi rostro cuando ciertos pensamientos pasaban por mi mente. La angustia estaba alcanzando una intensidad muy elevada y pronto llegaría el bloqueo.</p>
<p>La mayor parte del tiempo me olvidaba de la respiración e intentaba solucionar el problema que me angustiaba. Miles de soluciones diferentes, todas igualmente insatisfactorias, se paseaban, chillonas e indiscretas, aumentando aún más la angustia original. Y, por fin, durante unos dos minutos, después de mucho esfuerzo, logré prestar atención a mi respiración y dejar pasar ante mí misma los pensamientos y emociones como una mera observadora.</p>
<p>Entonces fui consciente de que estaba ganando la batalla.</p>
<p>A lo lejos se podía contemplar la guerra, intacta, impertérrita.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>La señora Consuelo</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Oct 2011 08:16:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pepita grilla</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[Hay una señora de unos 80 años a la que nos solemos encontrar al volver a casa. Es amiga de mis vecinas y suele venir a visitarlas. Se llama Consuelo. &#8220;La alegría del vecindario&#8221;, como llaman a nuestro pequeño, suele mirarle mucho y sonreírle. Consuelo no hace nada especial. Es más, creo que a A. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hay una señora de unos 80 años a la que nos solemos encontrar al volver a casa. Es amiga de mis vecinas y suele venir a visitarlas. Se llama Consuelo. &#8220;La alegría del vecindario&#8221;, como llaman a nuestro pequeño, suele mirarle mucho y sonreírle. Consuelo no hace nada especial. Es más, creo que a A. no le suelen agradar demasiado las personas mayores, sonríe mucho más con las personas jóvenes y sobre todo con los niños mayores que él, que le despiertan una enorme curiosidad. Pero el caso es que hay algo en ella que le dispara la sonrisa, porque cada vez que nos la encontramos A. responde como si se alegrara de verla.</p>
<p>He de reconocer que a veces sospechaba que no nos reconocía. &#8220;Estará un poco ciega&#8221;, pensé. Hasta a mí a veces me cuesta reconocer a personas que veo fuera de su contexto, cuando veo por la calle a mi médico, o a la pediatra de A., por ejemplo. No me extrañaba que al vernos en la calle no nos reconociera. Pero lo del otro día fue diferente. Nos la encontramos de camino hacia su casa, que está en el portal contiguo al nuestro, y la saludamos como siempre. Y como siempre A. le brindo una de sus maravillosas sonrisas. &#8220;Contigo siempre sonríe, no falla&#8221;, le dijo J. Y ella contestó como en una reiteración, un eco: &#8220;Sí, no falla&#8221;. Y después nos despedimos de ella.</p>
<p>Mientras estábamos en el portal desmontando todo los trastos (son las pegas de vivir en un tercero sin ascensor&#8230;), apareció Consuelo nuevamente a visitar a la vecina. Y mientras hablaba con ella de lo guapo y lo simpático que era el niño, nos dejó de piedra al decir que ella nunca le había visto antes y aún así le sonreía mucho. Después de que Consuelo se fuera, la vecina me dijo extrañada que ya había estado allí hacía un rato y que, al parecer, no se acordaba de que había estado y había hecho las mismas preguntas.</p>
<p>Y pensé que ya Consuelo no podrá conocer a nuestro pequeño A., ni a mí, ni a J. Ya no. Guarda en su memoria a sus familiares, a sus amigas y a conocidos de su pasado. Pero ya no habrá nuevos recuerdos que permanezcan. Solo permanecen los del pasado. Los del presente sencillamente se esfuman en unos pocos minutos.</p>
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		<title>Algunas reflexiones sueltas sobre la memoria</title>
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		<pubDate>Sat, 08 Oct 2011 19:43:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>pepita grilla</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[Estaba esta tarde preparando un tema sobre la memoria para explicar a mis alumnos y me han venido a la cabeza algunas reflexiones sueltas. Puede que no haya otra cosa más importante en nuestra psique que la memoria. Y sea esto cierto o no, hasta el día de la clase me voy a convencer de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estaba esta tarde preparando un tema sobre la memoria para explicar a mis alumnos y me han venido a la cabeza algunas reflexiones sueltas. Puede que no haya otra cosa más importante en nuestra psique que la memoria. Y sea esto cierto o no, hasta el día de la clase me voy a convencer de que así es,  ya que ello me ayuda a elaborar un relato apasionado con el que atrapar a mis alumnos.</p>
<p>¿Qué haríamos sin memoria? ¿Es posible <em>pensar</em>, en el sentido más humano del término, sin memoria?</p>
<p>¿Y qué seríamos sin memoria? ¿Es posible acaso <em>ser</em>, en el sentido más profundo del término, sin memoria? ¿Es posible imaginar un <em>yo </em>sin memoria?</p>
<p>¿Y cuál es nuestra memoria? ¿La nuestra o la de todas aquellas memorias referidas a nuestra vida? Mi memoria, como la de casi todos, comienza hacia los 3 años. ¿He de considerar que todos los recuerdos previos a esa edad no me pertenecen? ¿He de dar, acaso, por perdidos todos los recuerdos de mi infancia que conservan mi padre, mi madre o mi hermana mayor? Este pensamiento me ha traído a la mente un recuerdo acerca de una amiga que hace un tiempo perdió a su madre. Ella me decía que a su profundo dolor, había que añadir otro del que se suele hablar poco, asociado a otra pérdida, la pérdida de parte de su yo, la parte contenida en los recuerdos de su madre. Y entonces me pareció que la muerte no era una categoría discreta, y tampoco la vida. Que, en cierto modo, muerte y vida eran cuestiones de grado.</p>
<p>Y me he dado cuenta de que gracias a este blog también agrando mi memoria, alojando mis pensamientos, mis ideas, mis recuerdos en un espacio separado de mi mente. Internet está lleno de memorias de desmemoriados. De ideas de las que sus creadores ni siquiera se acuerdan.</p>
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