Vie 29 ene 2010
Los titiriteros vascos protestan por un anuncio de Carrefour
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La asociación de titiriteros del País Vasco ha solicitado a la empresa Carrefour la retirada de un anuncio televisivo por considerar que “ofende” a los artistas que se dedican a este arte, ya que se habla en él de “marionetas obsoletas”.
Fuente: Efe


1 febrero 2010 a las 0:28
Lo absurdo del “spot” de “Carrefour” es que transmite la idea de que los titirireros somos todos autistas, es decir que nos encanta hacer nuestra función sin público, para nosotros solos; porque la presencia del público es algo molesto e innecesario en una función teatral. ¡Tiene bemoles la cosa!.
¿Cómo se explica, si no, eso de que los yogures vienen en nuestra “ayuda” para que podamos hacer nuestra función sin el público, o sea, solo para nosotros mismos? La incongruencia semiótica es monumental.
Podemos aceptar que los publicistas, en su uso de la libertad de expresión, tengan el mismo derecho que nosotros para poder burlarse de todo… incluso de nosotros. Sobre todo si controlan el mensaje que transmiten, es decir, si saben hacerlo. Tener un saludable e inteligente sentido del humor es imprescindible para poder vivir en los tiempos que corren.
Pero para poder desenvolverse en el terreno de la sátira hay que saber controlar en todo momento el mensaje subliminal que se está transmitiendo.
El problema con este “spot” es que el mensaje se les ha ido de las manos, por que están diciendo que todos los titiriteros en general somos una panda de incompetentes incapaces de despertar interés y respeto por parte del público que necesita de unos yogures rebajados para no molestar durante la función. Un público cuya presencia, según el anuncio, no es necesaria en el teatro de títeres.
¿Cuál será la próxima “ocurrencia” de estos “geniales publicistas” de Carrefour? ¿Un spot “chistoso” sobre los inmigrantes que buscan yogures en los contenedores, sobre lo divertido que es golpear a tu pareja en el “parking” gratuito de Carrefour o sobre lo barato que es despedir a uno de sus empleados si no hace las horas extra que se les exige? Igual estoy diciendo alguna que otra burrada, pero… ¡ya que se ha abierto la veda…!
Ninguno de los grandes maestros del humor como Chaplin, Keaton o Groucho Marx jamás más se burlaron de las gentes comunes o de las clases humildes. Siempre apuntaban hacia los poderosos, hacia los que tenían la sartén por el mango, y cuando se salían de este contexto lo hacían para ridiculizar actitudes tales como el orgullo, la soberbia y otras análogas. Cuando Groucho Marx se mete con Margaret Dumont, está dirigiéndose a una señora enjoyada y estirada con una buena posición social y/o económica (“Una noche en la ópera” o “Sopa de ganso”, son buenos ejemplos).
A estos publicistas de Carrefour, en temas de humor, aún les queda mucho por aprender.
Estoy convencido de que, puestos a burlarse de nosotros, Darío Fo lo hubiese hecho muchísimo mejor, y ahora en lugar de protestar estaríamos partiéndonos de la risa.
Hay quienes piensan que hubiese sido mejor ignorar el “spot” y no generar polémica. Dejarlo pasar sin pena ni gloria, pues el “spot” se califica por sí solo. Es una opción tan legítima y tan válida como la de protestar. No faltan razones para argumentar ambas posiciones.
Decía Oscar Wilde: “que hablen bien o que hablen mal, pero que hablen de mí”. Lo cierto es que Carrefour ya tiene su hecha publicidad… pero al hacerla tan torpemente (o quizás no, pues también hay quienes sospecham que la provocación podría haber sido intencionada con fines de repercusión mediática) ha despertado la indignación de todo un sector que, paradójicamente, también podría verse publicitado con la polémica desatada, sobre todo si sabe aprovechar adecuadamente la oportunidad que le están brindando. En la lengua china el concepto de “crisis” (o “problema”) y el de “oportunidad” se expresan con una misma palabra.
¿Qué hubiese pasado si no hubiésemos reaccionado? Pues que no se hubiese armado todo este revuelo, el “spot” hubiera pasado sin pena ni gloria como uno más del montón, y el mensaje que transmite (a través de un medio tan poderoso como lo es la televisión) de que todos los titiriteros en general somos unos incompetentes hubiera calado en la audiencia de una manera subliminal. Por eso precisamente tal vez merezca la pena protestar y armar ruido. Para que la publicidad, al menos, también revierta en nuestro sector… pero no sólo desde una única visión generalizadora, sesgada y peyorativa.
Por lo menos, provocar la duda en el espectador. Es lo mínimo.
En todo caso, tal y como advierte con lucidez Jerry Mander en su libro “Cuatro buenas razones para eliminar la televisión”, conviene preservar la salud mental prescindiendo lo máximo posible de la televisión, a menos que mejoren sus contenidos, bastante deteriorados últimamente con tanto chapapote rosa y con tanto “spot” imposible de mirar.
En cuanto a la salud física, tal y como describe con pelos y señales el Dr. Felipe Hernández Ramos en sus muy recomendables libros “Que tus alimentos sean tu medicina” y “Antienvejecimiento con nutrición ortomolecular”, conviene desconfiar de los productos “naturales” que a menudo nos ofertan los grandes centros comerciales, ya que encubren manipulaciones inquietantes mediante una publicidad engañosa.
Por poner un ejemplo: Cuando en la etiqueta de una conocida marca de patatas fritas pone en mayúsculas “CON ACEITE DE OLIVA”, lo que no te especifican es que se trata de un aceite de oliva extraído en caliente (con lo que pierde casi todas sus propiedades beneficiosas) y probablemente sea aceite refinado y/o de orujo, es decir, de pésima calidad nutricional.
A poco que se lea la letra pequeña de sus etiquetas descubrimos lo mucho que nos mienten. Y a veces, ni siquiera en la letra pequeña viene toda la información verdaderamente relevante.
Un buen aceite de oliva ha de ser, como mínimo, de primera presión en frío y si procede de agricultura biológica, mejor. Algo de lo que nunca te informarán con detalle en ningún gran centro comercial.
8 julio 2010 a las 10:34
Don Simon con sus anuncios toma el pelo a los consumidores.